EL MINISTERIO DE PABLO (Parte 1)

NECESITAMOS EL MINISTERIO DE PABLO.
Cuando nos hablan del Evangelio, rápidamente pensamos en loa cuatro evangelios en el Nuevo Testamento. Es importante destacar que con el solamente con el conocimiento de dichos Evangelios no es suficiente conocer las grandes revelaciones y verdades que implicaron la encarnación, vivir humano, muerte, resurrección y ascensión de nuestro Señor Jesucristo. Para tener una revelación completa es importante estudiar las cartas Paulinas.

Sin el ministerio de Pablo es imposible entender el ministerio celestial de Cristo; sin el ministerio de Cristo, el ministerio de Pablo no tendría fundamento. Estos dos ministerios trabajan juntos; uno en los cielos y el otro dentro de nosotros. El Ministerio de Pablo refleja lo que Cristo nos ministra desde los cielos.

En el libro de los Hechos Cap. #2 se muestra el comienzo del Ministerio Celestial de Cristo, su ministerio es narrado desde el capitulo 2 al 9; el ministerio de Pablo aun no había comenzado; algo faltaba. Hechos 9 nos narra la conversión de Pablo, una conversión no realizada por hombre alguno, sino por la intervención directa del Señor desde los cielos.

En Heb. 3:1 Pablo le llama a los hebreos participantes del llamamiento celestial .El llamamiento de Pablo no se había realizado desde la tierra había sido un llamado celestial. Veamos una comparación entre el llamamiento de Pedro y el de Pablo.
  • Pedro estaba pescando junto a sus hermanos en el mar de Galilea, un hombre se le acerco y le realizo el llamado que podemos ver en Mateo 4:19. Fue un llamamiento poderoso, era simple y tenía procedencia en la tierra. El fue llamado por Jesus de Nazaret en su encarnación, lo cual es bien fácil de entender.
  • El llamamiento de Pablo va mucho mas allá de nuestro entendimiento, el llamamiento de Saulo de Tarso vino desde los cielos; no procedió del Jesus que estaba en la tierra sino del glorificado y ascendido que está en los cielos. Recordemos la conversión de Saulo en Hechos 22:6. El llamamiento de Pablo fue todo un misterio.
EL EVANGELIO QUE SE LE PREDICO A PABLO.

El ministerio de Pablo nos dice que Dios ha terminado con la religión, es la religión uno de los enemigos principales del cuerpo de Cristo. Muchos predicadores nos enseñan que Dios condena al hombre por sus pecados y mundanalidad, pero ¿Le han dicho alguna vez que tienes que salir de la religión?. Hoy en día existe muchas corrientes religiosas que atan al hombre a mandamiento de hombres, también existen filosofías huecas que llenan a los hombres de doctrinas falsas; entre ellas está el Humanismo, La Nueva Era, El Pensamiento Positivo, La Meditación Trascendental etc.

¿Qué es lo que Dios desea para nosotros?
Amados hermanos, el evangelio no solo abarca el problema que tenemos con el pecado y el mundo. Lo que Dios quiere no es religión, sino que su Hijo sea revelado en nuestro ser. Leamos Gal. 1:16.

Cuando Pablo fue llamado, no andaba por el mundo practicando el pecado, Pablo era un hombre temeroso de Dios, pero estaba sin Dios pues era practicante de una religión; por eso el en Fil. 3:6 nos dice “en cuanto a la justicia que es en la ley, llegue a ser irreprensible”. Sin embargo Pablo tenía que ser rescatado. Saulo necesitaba una revelación. No es la religión lo que determina una adecuada relación con Dios, es necesario una revelación de  Él.

Para Pedro, Jacobo y Juan le era muy difícil predicarle el evangelio a un hombre como Pablo, él era un hombre celoso del cumplimiento de la ley. ¿Cuál fue el mensaje que el Señor le hablo a Pablo?. Primero vio la luz resplandeciente que lo tumbo del caballo, luego una voz le pregunto ¿Por qué me persigues?, Pablo respondió ¿Quién eres, Señor?, aquella voz le respondió “Yo soy Jesús, a quien tu persigues”. ¿Podía Pedro, Jacobo o Juan predicar este evangelio? Claro que no, Cristo era el único que podía hacerlo. Aquí Dios se le revelo a Saulo; los religiosos necesitan un encuentro con Dios para que sean libertados.

Pablo no se consideraba una persona pecaminosa, ni que estuviese en contra de Dios, era celoso de Dios y justo conforme a la ley; sin embargo él estaba en contra de Dios y de su economía. (La economía de Dios consiste en que abandonemos tanto la ley como la religión y que su Hijo sea revelado en nuestro ser)

Nuestro Señor buscaba a Pablo porque necesitaba un hombre al cual  completara su revelación. El propósito del llamamiento de Pablo era la obtención de una persona que pudiese completar la revelación. (Col. 1:25)

Tengo una pregunta para ustedes: ¿SI NO TUVIERAMOS EL MINISTERIO DE PABLO, QUE NOS FALTARIA?.
  1. No nos percataríamos que Cristo esta en nosotros, que El debe vivir en nosotros y que El también debe ser nuestra vida y suministro de vida. Son las revelaciones dadas a Pablo la que nos enseña que Cristo debe  morar en nosotros como Espíritu Vivificante.
  2. Los escritos de Pablo revelan que Cristo es todo inclusivo, el primogénito de toda la creación, el primogénito entre los muertos y como la realidad de todas las cosas positivas.
  3. Son los escritos de Pablo los únicos que revela a Cristo como la cabeza de la Iglesia y que la Iglesia es su cuerpo. Son sus epístolas las que desarrollan esta realidad.
 Son estos tres puntos los que completan la revelación de Dios; es por los escritos de Pablo que sabemos que Cristo en nosotros es:
  • Nuestra esperanza de gloria. Cristo en nosotros.
  • Que El es todo inclusivo. Cristo es el todo en todos.
  • La Iglesia su cuerpo y El es la cabeza.
Los apóstoles anteriores a Pablo fueron llamados para un propósito específico en ese momento, pero Pablo fue llamado para completar la revelación de Dios.
Amados hermanos, nuestro llamamiento tampoco fue terrenal, nuestro llamamiento se produjo desde los cielos. Nosotros tenemos la revelación dada a Pablo.

Amados hermanos, esto es el evangelio. Nuestro destino es contener a Cristo, para esto fuimos creados.  Nuestro destino es ser llenos de Él.

Satanás hizo que el hombre cayera y la caída lo llevó al pecado y al mundo. Algunos se volvieron del pecado y del mundo y se tornaron a Dios, pero a mitad del camino fueron detenidos. ¿Qué fue lo que le impidió que lograran el objetivo? La religión. Esto es lo que le sucedió a Pablo. Saulo se torno del pecado y del mundo para servir a Dios. Sin embargo, la religión lo detuvo. Así le pasa a muchos cristianos hoy en día.

Dios no te ha destinado para ir al cielo sino contener a Cristo y ser lleno de Él. Al tener a Cristo y ser lleno de El recibiremos grandes bendiciones.

Hay tres preguntas importantes a realizarnos nosotros mismos:

¿Está Cristo en usted?
¿Está el llenándolo?
¿Ha ocupado todo su ser?
¿Puedes proclamar que para usted el vivir es Cristo?

Son los escritos de Pablo donde podemos adquirir el conocimiento de que Cristo vive en nosotros.

EL CRISTO EN NOSOTROS
 Cristo está siendo formado en nosotros y haciendo Su hogar en nuestros corazones. Él es nuestra esperanza de gloria. Él es nuestra vida (Col. 3:4).
Por ser Él uno con nosotros es que somos diferentes a los demás y somos diferentes a lo que éramos antes. Ahora somos personas que contenemos a Cristo, somos Cristo-Hombre. Si alguien le preguntara ¿Qué cosa es un cristiano? ¿Cuál sería su respuesta?. La respuesta sería : Los cristianos somos Cristo-Hombres, pues él ha ocupado todo nuestro ser.

 EL CRISTO TODO INCLUSIVO
En el momento de la conversión de Pablo, el Señor le hizo saber a Pablo que El era todo inclusivo al realizarle la pregunta, ¿Por qué me persigues?, estaba dejando claro que todos a los que Pablo había perseguido formaban parte de El, y perseguirlos a ellos era perseguirlo a El. Esto nos lleva al pensamiento que Cristo es todo inclusivo, no que los discípulos estaba en El sino que El está en todo lugar.
 
LA CABEZA Y EL CUERPO.
En su conversión, ¿cómo supo Pablo que la iglesia era el Cuerpo de Cristo? Repito las palabras del Señor: “¿Por qué me persigues?”. Estas palabras hicieron que Pablo se diera cuenta de que los creyentes eran uno con Cristo.
Una vez que Saulo se percató de quien le estaba hablando, hizo la segunda pregunta: “¿Qué haré, Señor?” (Hch. 22:10). Y el Señor le dijo: “Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer” (Hch. 9:6). Según estas palabras, el Señor daba a entender que Pablo no podía seguir siendo individualista. Él tenía que ir a Damasco, donde un creyente desconocido llamado Ananías le indicaría el paso siguiente a tomar. Ahora que Saulo había sido introducido en el Cuerpo, si él deseaba conocer la voluntad del Señor, en vez de que la Cabeza le hablara directamente, él tenía que acudir a otro miembro del Cuerpo.

¡Qué maravillosa fue la conversión de Pablo! A Pedro se le dijo simplemente: “Venid en pos de Mí, y os haré pescadores de hombres”, mas el caso de Pablo no fue tan sencillo. En su llamamiento hay indicios del:
  • Cristo en mí
  • El Cristo el todo-inclusivo 
  • El Cristo la Cabeza con la iglesia, Su Cuerpo.
Estas tres verdades eran lo que Pablo predicaba. Si no tuviéramos el ministerio  de Pablo, el cual completó estas tres cosas, no habría compleción de la revelación de Dios. Estos tres puntos cruciales componen el ministerio de Pablo.

Entremos ahora a estudiar el primero de los mensajes que el Apóstol Pablo nos muestra en todas sus enseñanzas:

CRISTO VIVE EN MÍ
Lectura bíblica: Gá. 1:13-16; 2:20; 3:27, 28; 4:19; 
Col. 1:25-27; 3:3, 4, 8-10; 2 Co. 13:5; Fil. 1:21; Ef. 3:17

PLANEADO EN LA ETERNIDAD
En la eternidad pasada Dios se propuso y planeó que Cristo viviera en nosotros. Según Efesios 3, Dios planeó en la eternidad pasada forjarse a Sí mismo en Sus escogidos. El propósito eterno de Dios consiste en obtener un pueblo que tenga Su vida. Dios ha de estar en ellos y ellos serán uno con Él. Este pueblo será el Cuerpo de Cristo que expresará a Dios mismo en Cristo.

Génesis 1:26 nos dice que el hombre fue creado de una manera muy particular. El hombre fue creado a la imagen de Dios y conforme a Su semejanza. ¿Por qué Dios creó al hombre según Su forma? Porque Dios tenía la intención de que un día Él entraría en el hombre y haría que éste fuese Su recipiente, siendo Él mismo el contenido del hombre. Desde el principio, desde la creación, el hombre fue preparado a fin de contener a Dios.

UN VASO
Romanos 9:20-21 dice que el hombre es un vaso cuyo propósito es contener algo. Al hombre no se le llamó instrumento porque no fue hecho para que realizara cosa alguna. No es como un martillo que es usado para clavar clavos. Cuando el Señor le habló a Ananías de Pablo, Él dijo: “Vaso escogido me es éste” (Hch. 9:15). Pablo no fue escogido para ser un instrumento o para terminar cierta obra. Él fue escogido para ser un vaso que contuviese a Dios en Cristo, aun hasta los lugares más remotos de la tierra.
Después, el propio Pablo usó esta misma palabra: “Tenemos este tesoro en vasos de barro” (2 Co. 4:7). Si bien sólo somos vasos de barro, tenemos en nosotros cierto tesoro. Este tesoro es el Dios Triuno, es Cristo Jesús y es el Espíritu todo-inclusivo.

CRISTO ES REVELADO EN NOSOTROS
Pablo dijo acerca de su conversión: “Agradó a Dios [...] revelar a Su Hijo en mí” (Gá. 1:15-16). A Dios le agradó hacer una cosa: revelar a Su Hijo en Pablo. Antes de que Dios lo llamara, Saulo ya era un vaso escogido, pero estaba vacío. No obstante, tenía su ser ocupado en la religión de sus antepasados, su ser estaba lleno de leyes y tradiciones. Él tenía gran estima de sí mismo. Pablo tal vez consideró que Pedro era un pescador ignorante de Galilea, pero él mismo estaba saturado de la ley de Moisés y la tradición de su pueblo. Sin duda alguna, a diario pensaba acerca de Dios y de cómo podía servirle a Él. Sin embargo, estaba carente de Dios, estaba vacío, pese a que estaba absorto en la ley. Su ser había sido mal usado, usurpado por aquellas cosas ajenas al propósito de Dios.
Dios no quiere un grupo de personas que sean religiosas o incluso personas sin pecado. Saulo se consideró a sí mismo irreprensible, pero carecía de Cristo. Aunque era un celoso de Dios, Dios no estaba dentro de él. El propósito eterno de Dios no consiste en obtener un grupo de personas que guarden la ley; lo que Dios busca es un pueblo que esté lleno de Cristo.
Quizás usted se pregunte si Pablo estaba haciendo referencia a su conversión cuando dijo que “a Dios le agradó [...] revelar a Su Hijo en mí”. Esto es claro en su contexto: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por Su gracia, revelar a Su Hijo en mí, para que yo le anunciase como evangelio entre los gentiles, no consulté en seguida con carne y sangre” (Gá. 1:15-16). ¿Hubo algún otro momento en la vida de Pablo que Dios le reveló a Su Hijo en él? Según mi parecer es evidente que ese fue el momento en que Dios le reveló a Su Hijo. Pablo, al igual que una cámara, llevaba años cerrado; no estaba dispuesto a abrir su ser aunque Dios, como luz celestial, estaba observando y esperando. Un día, el Señor vino a Saulo y le preguntó por qué le perseguía. En cuanto Saulo respondió llamándole “Señor”, se abrió el obturador y el Señor fue revelado en él. Por supuesto que no fue hasta mucho después que Pablo comprendió lo que había sucedido. Ésta también es nuestra historia.

CRISTO VIVE EN MÍ
“Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gá. 2:20). Es extraordinario decir que otra persona vive en nosotros. ¡Otra Persona vive en nosotros! ¡Él no solamente está con nosotros, sino que también está dentro de nosotros! Si fuéramos estudiantes, tal vez tengamos compañeros de cuarto que viven con nosotros, y si estamos casados, nuestra esposa o esposo vive con nosotros. Sin embargo, ninguno de ellos vive en nosotros, y nunca jamás podrán vivir en nosotros. No obstante, los que somos salvos tenemos a una Persona que vive en nosotros. Esta Persona no es insignificante; más bien, ¡es una gran Persona, una persona todo-inclusiva y divina!
¿Se ha dado cuenta de que hay una persona viviente que está en usted? ¡Lo que entró en usted no fue simplemente un pedazo de pan sino una persona viviente; “Ya no vivo yo, mas vive Cristo”. ¿Sabe que el Cristo que está en su ser no es únicamente su vida sino también su persona? Día tras día, mañana y noche, hora tras hora, esta Persona está en usted. Esto es lo que nos dice Pablo en este versículo.

CRISTO ES FORMADO EN NOSOTROS
Pablo además dice: “Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (Gá. 4:19). Este Cristo tiene que formarse en nosotros. Él está en nosotros, pero sólo de una forma limitada; Él está restringido, frustrado. Que Él sea formado en nosotros significa que Él ocupe todo nuestro ser. Es decir, desde nuestro espíritu Él tomará control de nuestra mente, nuestra parte emotiva y nuestra voluntad, hasta ocupar todo nuestro ser. Él entrará a cada parte de nuestro ser interior.

CRISTO COMO NUESTRO VIVIR
En Filipenses 1:21 Pablo dice: “Para mí el vivir es Cristo”. ¡Qué palabra tenemos aquí! Pablo y Cristo vivían juntos como una sola persona. La vida de Pablo era vivir a Cristo. Él era uno con Cristo en su vida y en su vivir. Cristo vivía en Pablo como la vida de éste, y Pablo vivía a Cristo al manifestarlo como su vivir.

CRISTO HACE SU HOGAR EN NOSOTROS
Más tarde Pablo oró en Efesios 3:17 diciendo: “Que Cristo haga Su hogar en vuestros corazones”. No sólo se halla en usted otra Persona, sino que también tiene un hogar edificado, lo cual sin duda significa más molestias. Sí; es maravilloso creer en el Señor. Sin embargo, usted tendrá problemas porque otra Persona ha entrado en su ser. ¿Le gustaría tener alguien con usted todo el tiempo? Entonces, si usted se lo permite, esta Persona hará un hogar en usted. ¿Está de acuerdo que esto causará más “problemas”? Cristo ya está dentro de usted, y no podrá deshacerse de Él. Después, Él desea establecerse y hacer Su hogar en usted. ¡Cristo quiere hacer Su hogar en su corazón!

Queridos santos, esto es el evangelio. Nuestro destino es contener a Cristo, para esto fuimos creados. Esto no depende de nosotros, ya que Dios nos creó así. Cristo debe ocuparnos; nuestro destino es ser llenos de Él. El evangelio es simplemente esta Persona viviente y todo-inclusiva, que es tanto Dios como hombre. Tenemos que ser llenos de Él.

Satanás hizo que el hombre cayera, y la caída lo llevó al pecado y al mundo. Algunos de ellos se volvieron del pecado y del mundo y se tornaron a Dios, pero a mitad de camino fueron detenidos. ¿Qué les impidió que lograran su objetivo? La religión. Esto es lo que le sucedió a uno de ellos: Saulo de Tarso. Saulo se tornó del pecado y del mundo con la intención de volverse a Dios. Sin embargo, la religión lo detuvo. Así les pasa a muchos cristianos hoy en día. Ellos se han tornado del pecado y del mundo, y han regresado con la intención de ir en pos de Dios, pero fueron detenidos por la religión. Como consecuencia, Cristo no los llena a ellos. ¡Qué declaración es ésta que hizo Pablo: “Para mí el vivir es Cristo”! Todos nosotros deberíamos decir esto, no sólo con palabras sino también con palabras que son respaldadas con los hechos. Debiéramos proclamar a todo el universo que “¡para mí el vivir es Cristo!”. Sin este punto la revelación divina no sería completa.

De todos los libros de la Biblia, es en los escritos de Pablo donde se nos dice más claramente que Cristo vive en nosotros. ¡No es de extrañar entonces que su ministerio sea el ministerio completador (Col. 1:25)! A Dios le agradó revelar a Su Hijo en nosotros. Ahora, ya no vivimos nosotros, mas vive Cristo en nosotros. Él está siendo formado en nosotros y haciendo Su hogar en nuestros corazones. Él es nuestra esperanza de gloria. Él es nuestra vida (Col. 3:4). Para nosotros el vivir es Cristo.

EL CRISTO TODO-INCLUSIVO
Lectura bíblica: Ro. 1:3-4; 5:15; 8:29; 9:5; 10:12; 
1 Co. 1:30; 2:8; 3:11; 5:7; 10:4; 11:3; 12:12; 15:23, 45, 47

El segundo punto crucial hallado en el ministerio completador de Pablo es el Cristo todo-inclusivo. Abordaremos este tema usando dos de sus libros: Romanos y 1 Corintios. Al leer estos libros y ver todos los diferentes aspectos que se presentan de Cristo, nos hará que tengamos una gran y profunda impresión en cuanto a Su Persona.

EL CRISTO EN ROMANOS

El designado Hijo de Dios:
El capítulo uno de Romanos primero habla de Cristo como Hijo de Dios: “Su Hijo, que era del linaje de David según la carne, que fue designado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos” (vs. 3-4).
Sabemos que Cristo es el Hijo de Dios. Sin embargo, en estos versículos también se incluye Su naturaleza humana. Por haber llegado a ser un descendiente de David, Él ya no era sólo divino. Como Hijo de Dios, Él es Dios; mas como Hijo de David, Él es también hombre. ¿Por qué fue necesario que fuera designado Hijo de Dios? Porque era también un Hijo de Hombre. ¿Cómo podía un hijo de hombre llegar a ser Hijo de Dios? Él tenía que ser designado.
¿Por qué medio fue Cristo designado? Su naturaleza divina designó a Su naturaleza humana. Anteriormente, Cristo era solamente divino; pues no había humanidad en el segundo de la Trinidad. Sin embargo, ahora en Cristo, como Hijo designado de Dios, se halla la naturaleza humana. Esta naturaleza humana ha sido designada con la naturaleza divina.
Examine su propio caso. Usted es hijo de hombre y también es hijo de Dios. ¿Cómo le fue posible a usted, un hijo de hombre, llegar a ser un hijo de Dios? Usted llegó a ser hijo de Dios al recibir la naturaleza divina. Ahora usted posee dos naturalezas, la humana y la divina. Usted es una persona con dos naturalezas; ¡usted es divinamente humano como humanamente divino!
Antes de encarnarse Cristo era solo divino, pero cuando se hizo hombre, Él participó de la naturaleza humana. En Su divinidad, Él era Hijo de Dios, pero en Su humanidad, Él era Hijo de Hombre. Como Hijo de Hombre tenía que ser designado Hijo de Dios, y fue designado por la resurrección. Romanos 1 nos presenta a este Cristo como el Hijo de Dios, no solamente divino sino también humano.



El Primogénito entre muchos hermanos
En Romanos 8:29 el Hijo de Dios es llamado “el Primogénito entre muchos hermanos”. Todos estamos familiarizados con Juan 3:16, que hace referencia a Cristo como “Hijo unigénito de Dios”. ¿Qué diferencia hay entre el Hijo primogénito y el Hijo unigénito? Cuando creímos en el Señor Jesús, creímos en el Hijo unigénito. El creer en Él nos hizo hijos de Dios. Ahora que somos hijos de Dios, ¿somos hijos conforme el Hijo unigénito o conforme al Hijo primogénito?
Como Hijo unigénito el Hijo de Dios es único, pues no puede haber nadie más en Su categoría. El Hijo unigénito posee solamente la naturaleza divina. Y llegó a ser el Hijo primogénito sólo después que se puso la naturaleza humana y fue resucitado con la misma. Como hombre en la carne, Él fue engendrado en la resurrección para ser Hijo de Dios (Hch. 13:33). Al recibirle en nuestro ser, llegamos a ser los hijos de Dios conforme al Hijo primogénito. Por tanto, Él es llamado el Primogénito entre muchos hermanos. Como seres humanos que somos, nosotros no poseíamos la naturaleza divina hasta que lo recibimos en nuestro ser. Ahora que Él ha entrado en nosotros, además de poseer la naturaleza humana que hemos recibido por nacimiento, también hemos recibido Su naturaleza.

Romanos 5:15 dice: “Si por el delito de aquel uno murieron los muchos, abundaron mucho más para los muchos la gracia de Dios y el gratuito don en gracia de un solo hombre, Jesucristo”. Aquí Cristo es descrito como un verdadero hombre. Él es llamado ¡un hombre! Él era un hombre entre los hombres. Comparen este versículo con 9:5, donde Él es también “el Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”. Aquí Él es Dios sobre todo. Por consiguiente, a partir de estos dos versículos vemos que Cristo es tanto hombre como Dios. Es únicamente en los escritos de Pablo donde se da a conocer claramente que Cristo es hombre y es también Dios.


¿Cuándo fue engendrado Jesucristo Hombre para ser Hijo de Dios? Hechos 13:33
Al recibir a Jesucristo en nuestro ser, llegamos a ser hijos de Dios conforme al Hijo Primogénito. Por eso es llamado el primogénito entre muchos hermanos. Nosotros no poseíamos la naturaleza divina hasta que lo recibimos en nuestro ser.
Amados hermanos, no somos cualquier cosa, no solamente poseemos la naturaleza humana, sino que además, es también un hijo de Dios, no como conforme al hijo unigénito sino al Hijo primogénito.

El Señor de todos.
Romanos 10:12. Nuestro Señor es tanto el de los judíos como el de los griegos. Él está sobre todas las cosas, sobre toda ideología, sobre toda interpretación humana; Él está sobre todas las cosas y es rico para con todos los que le invocan.
EL CRISTO EN 1ra DE CORINTIOS
La epístola de 1 Corintios es muy rica y habla mucho sobre la Persona de Cristo.

La sabiduría de Dios
En 1:30 se nos dice que Cristo es la sabiduría de Dios: “Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho de parte de Dios sabiduría: justicia y santificación y redención”. Esta sabiduría consta de tres cosas. Cristo, como sabiduría de Dios, es nuestra justicia, nuestra santificación y nuestra redención. La justicia se aplica a nuestro pasado, la santificación a nuestro presente y la redención a nuestro futuro. Cristo es nuestra justicia a fin de que seamos justificados y nazcamos de nuevo; Él es nuestra santificación para que seamos transformados y Él es nuestra redención con el objetivo de que seamos transfigurados. La regeneración ocurre en nuestro espíritu, la transformación en nuestra alma y la transfiguración en nuestro cuerpo. Él como nuestra justicia regenera nuestro espíritu; como santificación, transforma nuestra alma y como redención transfigurará nuestro cuerpo. ¡Cristo es nuestra sabiduría todo-inclusiva!


El Señor de gloria
Al referirse a la sabiduría de Dios, Pablo dijo: “La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, no habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Co. 2:8). ¡Cristo es el Señor de gloria! Ésta es una declaración muy excelente. En Filipenses 3 Pablo dice que estima todas las cosas como pérdida por “la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor” (v. 8). Conocerle a Cristo en todos estos aspectos equivale a poseer la excelencia de Su conocimiento.
¿Qué quiere decir que Cristo es el Señor de gloria? No sabemos cómo explicar esta verdad ya que va más allá de nuestra habilidad para definirla. Conocerle como el Señor de gloria equivale a estimar Su excelencia.

El fundamento
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Co. 3:11). Cristo mismo es nuestro fundamento, y estamos firmes sobre Él. No tenemos otro fundamento.

Nuestra Pascua
“Porque nuestra Pascua, que es Cristo, fue sacrificada” (5:7). Debido a que Cristo es nuestra Pascua, fuimos redimidos, salvos y rescatados del mundo. Según Éxodo 12:1-13, Dios pasó sobre los hijos de Israel porque la sangre del cordero pascual fue rociada en el dintel y en los postes de sus casas. A ellos se les mandó comer la carne del cordero dentro de sus casas. En otras palabras, la casa debía servirles de cobertura mientras ellos comían el cordero. Así, en 1 Corintios 1:30 se nos dice que es por Dios que estamos nosotros en Cristo Jesús. Por tanto, Él es nuestra casa, nuestra cobertura, mientras le ingerimos como nuestra Pascua.

La roca
“Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo” (1 Co. 10:4). Cristo era la roca espiritual que seguía al pueblo de Dios. Hoy en día Él es la roca que nos sigue en toda la travesía. Dios mandó que se golpeara esta roca y saliera de ella agua, a fin de satisfacer nuestra necesidad y saciar nuestra sed (véase Éx. 17:6). Este es el Cristo que disfrutamos en el recobro del Señor: Aquel del cual fluye agua de vida que apaga nuestra sed.

La Cabeza
“Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo” (1 Co. 11:3). Aquí se hace mención de Cristo, no como la Cabeza del Cuerpo, sino como la cabeza de todo varón. ¡Cristo es la Cabeza!

El Cuerpo
“Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el Cristo” (12:12). Cristo no sólo es la Cabeza, sino también el Cuerpo. Todo el Cuerpo es Cristo. Este Cuerpo nos incluye a todos nosotros. Esto quiere decir que Cristo es todos nosotros. ¡Qué maravilloso es esto!

Las primicias
“Pero cada uno en su debido orden: las primicias, Cristo; luego los que son de Cristo, en Su venida” (15:23). Cristo es las primicias de entre los muertos. Él salió de la muerte y, por ser Él el primero, Él es las primicias. Y todos aquellos que son Suyos le seguirán.

El postrer Adán, el segundo hombre
“Así también está escrito: ‘Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente’; el postrer Adán, Espíritu vivificante [...] El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo” (15:45, 47). El primer hombre fue todo un fracaso. Adán cayó y erró en cuanto al propósito de Dios. Pero con Cristo, el segundo hombre, se inició un nuevo comienzo con una naturaleza nueva y una vida nueva. Él es el segundo hombre y también el postrer Adán. Con este postrer Adán no hubo fracaso alguno.

El Espíritu vivificante
Este postrer Adán se hizo Espíritu vivificante. Si Cristo no fuera el Espíritu, ¿cómo podría Él ser nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santificación, nuestra redención, nuestro fundamento, nuestra Pascua y nuestra roca? Además, ¿cómo podría ser también la Cabeza, el Cuerpo y las primicias? Para que Cristo nos sea hecho todas estas cosas, Él tenía que ser hecho Espíritu vivificante. Es como Espíritu vivificante que Él nos es hecho real en todos estos diferentes aspectos.

¿Ven ustedes cuánto se puede aprender de Cristo en 1 Corintios? Con toda certeza, sin esta epístola de Pablo, la Biblia no estaría completa. Tenemos que conocer a este Cristo y, al igual que Pablo, debemos aspirar a “conocerle” (Fil. 3:10). Debemos también experimentarle y disfrutar de Él. Después, debiéramos ministrar este Cristo que hemos disfrutado a otros. Cuando salgan a visitar a otros, salgan con Cristo y Sus riquezas, y sean llenos de Él. No discutan con ellos sobre doctrinas; más bien, predíquenles a Cristo.

EL CRISTO EN 2 CORINTIOS
El Espíritu
Si bien en 2 Corintios solamente encontramos dos aspectos de lo que Cristo es, éstos tienen mucho significado. En el pasaje de 3:17-18 se nos dice: “Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu”.
En 2 Corintios dice que el Señor es el Espíritu. Esta afirmación es muy breve; sin embargo, ha sido ignorada por muchos cristianos, quienes no se han percatado que el Espíritu Santo en Su máxima consumación es el Espíritu.
En Génesis 1 vemos que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas en las tinieblas (v. 2). A medida que avanzamos en el Antiguo Testamento, encontramos el uso de expresiones tales como Espíritu de Jehová o Espíritu del Señor. Al comienzo del Nuevo Testamento hallamos la expresión Espíritu Santo (Mt. 1:20). Cuando llegamos a la resurrección del Señor, descubrimos que en la resurrección el postrer Adán fue hecho el Espíritu vivificante. ¡Este Espíritu vivificante es el Espíritu! ¡El Espíritu! El Espíritu es la máxima consumación del Espíritu de Dios, el Espíritu de Jehová, el Espíritu Santo y el Espíritu de Jesucristo (Fil. 1:19), quien es el Espíritu de vida (Ro. 8:2) y el Espíritu que da vida (Jn. 6:63)
“El Espíritu” es un título corto, mas su significado es profundo. Conocemos su significado a través de la tipología del ungüento compuesto descrito en Éxodo 30:23-33. El ungüento de la unción estaba compuesto por aceite de olivas y cuatro especias. Primero sólo había aceite de olivas, pero después que se le mezclaron las especias, se convirtió en un ungüento compuesto.
El aceite de olivas representa al Espíritu de Dios. Las cuatro especias —mirra, canela, cálamo y casia— representan la muerte de Cristo, la eficacia de aquella muerte, la resurrección de Cristo y el poder de Su resurrección. Los números que se mencionan también tienen su propio significado. Añadir cuatro especias a un hin de aceite de olivas hace referencia a la humanidad (representada por el número cuatro), que es añadida a la divinidad (el número uno). Tenemos cinco dedos en la mano: el pulgar y los otros cuatro dedos. El número cinco denota al Creador (número uno), que se ha añadido a la criatura (número cuatro). El Espíritu es, pues, la adición de la divinidad y la humanidad. El Espíritu está compuesto de Dios y del hombre. En este Espíritu también está incluida la muerte de Cristo, la eficacia de Su muerte, Su resurrección y el poder de la resurrección.
En 2 Corintios 3:17 se nos dice que el Señor es ahora el Espíritu. Hoy Cristo es el ungüento, el ungüento compuesto. Él es el Espíritu vivificante todo-inclusivo. Quizás ahora entiendan por qué hablamos de que Cristo es todo-inclusivo.

Nuestro Esposo
“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2 Co. 11:2). Es extraño que este Cristo nos es presentado en el capítulo 3 como el Espíritu, pero aquí es llamado nuestro Esposo. Nosotros tenemos un Esposo.

EL CRISTO EN COLOSENSES

La porción de los santos
Colosenses 1:12 nos dice que el Padre hizo que fuéramos aptos “para participar de la porción de los santos en la luz”. Hay una porción para nosotros. En este universo, Dios nos ha dado una porción o un lote. Este lote es Cristo, que es tipificado por la buena tierra. Cuando los hijos de Israel entraron en la buena tierra, recibieron un lote o una porción de la tierra. Todos los israelitas tenían una porción. Hoy Cristo es nuestra buena tierra, y ¡a todos nosotros se nos ha asignado una porción de esta buena tierra, la cual Dios prometió darnos! Tengo la certeza de que vendremos a ver ¡cuán rica es nuestra porción! En esta porción tenemos a Dios, al hombre, la redención, la justificación, la justicia, la santidad, la regeneración y la transformación. Es también nuestra porción las virtudes tales como luz, vida, amor, bondad, misericordia, ternura y mansedumbre. Lo que está incluido en Cristo como nuestra porción es innumerable. ¡Aleluya por tal porción todo-inclusiva!

La imagen de Dios
Colosenses además nos dice que este Cristo es “la imagen del Dios invisible” (1:15). Ningún ser humano jamás ha visto a Dios; no obstante, Cristo es la plena expresión de Dios. Por eso Él es llamado la imagen de Dios. La palabra imagen aquí no se refiere a cierta figura física, sino a la expresión del ser de Dios en todos Sus atributos y virtudes. Debido a que Cristo es la imagen de Dios, cuando le vemos a Él, vemos a Dios.

El Primogénito de toda creación
Este mismo versículo, Colosenses 1:15, presenta a este Cristo no sólo como la imagen del Dios invisible, sino también como el “Primogénito de toda creación”. ¿Cómo es posible que Cristo sea la imagen del Dios invisible y también el Primogénito de toda creación? ¿Cómo puede ser Él parte de la creación? El hecho de que Cristo sea el Primogénito de toda creación sobrepasa los límites de nuestro entendimiento. Por tanto, no debiéramos limitarle conforme a las doctrinas tradicionales del cristianismo.
A mí me acusaron de hereje por decir que Cristo es una criatura. Mis oponentes insistieron en que Cristo era el Creador y que yo estaba en un error al afirmar que Él es una criatura. Les respondí: “¿No era Cristo un hombre? ¿No se convirtió en un hombre de carne y hueso y sangre?¿No es el hombre una criatura? ¿Acaso carne, hueso y sangre no pertenecen a la criatura? Sí; Cristo es el Creador, pero Él también es una criatura. Él es tanto Dios como hombre. Como Creador, Él es Dios; pero como hombre, Él es una criatura”.
Cristo es sumamente vasto para nuestra mentalidad simplista. Cuanto más consideremos todos estos aspectos de lo que Él es, más nos daremos cuenta de que Él sobrepasa nuestro entendimiento.

EL Primogénito de entre los muertos
Cristo no sólo es el Primogénito de la vieja creación, sino también el “Primogénito de entre los muertos” (1:18). En la vieja creación Cristo es el primero y en la nueva creación, en resurrección, Cristo también es el primero. Cristo es el primero tanto en la vieja creación como en la nueva. Por tanto, Él debe ocupar el primer lugar en todas las cosas; la preeminencia le pertenece a Él.

La Cabeza del Cuerpo
Debido que Él es el Primogénito de entre los muertos, “Él es la Cabeza del Cuerpo que es la iglesia” (v. 18). Se nos hace imposible entender cabalmente lo que significa que Cristo sea la Cabeza de la iglesia. Incluso a los médicos no les es fácil tener un conocimiento completo de la cabeza física. Mírense ustedes mismos. Estas de pie. ¿Ven cómo tú cuerpo sostiene tú cabeza? A primera vista, parece ser así; pero en realidad, es tú cabeza la que sostiene todo tú cuerpo. ¿Qué me sucedería si te cortasen la cabeza? Sin tú  cabeza, todo tú cuerpo se derrumbaría. Por tanto, es tú cabeza la que sostiene tú cuerpo. Sin una cabeza, ¡ciertamente estaríamos muertos!
¡La iglesia también tiene una Cabeza! Esta Cabeza es Cristo. Ciertamente nosotros no estamos aquí para mantenerle, pues no es Él quien necesita de nosotros; más bien, Él es quien nos sostiene a nosotros.
Es asombroso que disfrutamos de la Cabeza sin percatarnos de ello. Todos los días disfruto de mis alimentos sin ponerme a pensar cuánto necesito a mi cabeza. Si bien podría vivir sin alimento por varios días, sin mi cabeza no podría existir ni por un solo momento. Si estoy vivo es porque tengo mi cabeza. Asimismo, la iglesia está viva gracias a que la Cabeza sostiene Su Cuerpo.

Él es el principio
Él es el principio (v. 18). Dos veces en Apocalipsis se lo llama por este nombre (21:6; 22:13). El Señor Jesús no sólo es el primero, sino también el principio. Ser el primero significa que no hay otra persona antes que Él, y ser el principio denota que Él es el origen de todas las cosas.
No es fácil definir las expresiones que aparecen en Colosenses. Es fácil entender cuando el Señor Jesús dijo: “Yo soy la puerta” (Jn. 10:9) y “Yo soy el buen Pastor” (v. 11) Sin embargo, cuando es llamado el Primogénito de entre los muertos, la imagen de Dios o el Primogénito de toda creación, entonces es difícil entender lo que significa. Su significado es profundo; sin embargo, ¡Cristo es todas estas cosas!

La esperanza de gloria
Aquí tenemos otra expresión misteriosa. ¿Qué quiere decir que Cristo en nosotros sea “la esperanza de gloria” (Col. 1:27)? Esto sobrepasa nuestro entendimiento. Ya no somos un pueblo sin esperanza; al contrario, estamos llenos de esperanza, y esta esperanza es Cristo. Nuestra esperanza no está en la muerte ni tampoco en la vida, sino más bien, nuestra esperanza es de gloria. Esta gloria será manifestada en su plenitud cuando Cristo regrese a glorificar a Sus santos (Ro. 8:30). Incluso ahora mismo este Cristo no está lejos de nosotros; más bien, ¡Cristo en vosotros, la esperanza de gloria!

El misterio de Dios
En Colosenses 2 Pablo oró para que los corazones de los santos fueran consolados “hasta alcanzar el pleno conocimiento del misterio de Dios, es decir, Cristo” (v. 2). Este Cristo maravilloso es el misterio de Dios. Dios mismo ya es un misterio. Ahora estamos hablando ¡del misterio de los misterios! No podemos sondear a Dios. Y el misterio de este Misterioso es Cristo. Cristo es lo que da significado a todo lo que existe en el universo. Cristo está detrás de todo lo que no podemos explicar. Cristo es el misterio de Dios.

Un almacén de sabiduría y de conocimiento
“En quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (v. 3). En Cristo se hallan todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. En esta era de ciencia, el hombre está buscando conocimiento. Pero nosotros debemos saber que en Aquel que es el misterio de Dios están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.

La corporificación de Dios
El versículo 9 dice: “Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad”. Dios está corporificado en Cristo. Él es la totalidad de Dios. Todo lo que Dios es, tiene y puede hacer se halla todo corporificado en Cristo. Dios está oculto en Él.

La Cabeza
“Y vosotros estáis completos en Él, que es la Cabeza de todo principado y potestad” (v. 10). Vimos en el mensaje anterior que Cristo, en 1 Corintios, es la Cabeza de todo hombre (1 Co. 11:3). Aquí se nos dice que Él es la Cabeza de todo principado y potestad. Cristo está sobre todos los gobernadores terrenales, sobre todos los ángeles y sobre cualquier otro principado y potestad.

El cuerpo de las sombras.
“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o sábados, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; mas el cuerpo es de Cristo” (Col. 2:16-17). Basados en este versículo vemos que todas las cosas positivas que hay en el universo son sombras. Los alimentos, el agua, la luz del sol, los sábados, los días de fiesta, las vestimentas, las casas donde vivimos, e incluso nuestros medios de transporte son sombras; pero, ¿sombras de qué? Son sombras de Cristo, quien es la realidad. Cristo es nuestra fiesta, nuestra luna nueva, nuestro sábado, nuestra casa y nuestro medio de transporte. Él es nuestro nutrimento, nuestro nuevo comienzo, nuestro reposo, nuestra morada y el medio por el cual nos remontamos hasta el cielo. ¡En un abrir y cerrar de ojos seremos llevados a los cielos!

Nuestra vida
Cristo en una ocación El expreso que era la vida; nuestro Cristo maravilloso es nuestra vida (3:4).

El elemento constitutivo del nuevo hombre
En el nuevo hombre Cristo es el todo, y en todos (Col. 3:10-11). Debido a que Cristo vive en nosotros y es también nuestra vida, Él es el elemento constituyente del nuevo hombre. En este nuevo hombre corporativo no existe el hombre natural; hay cabida únicamente para Cristo. Incluso hoy en día vemos, en una escala menor, este nuevo hombre entre nosotros en el recobro del Señor. Hay un nuevo hombre en esta tierra y está constituido solamente de Cristo.
Todas estas descripciones de Cristo se hallan exclusivamente en Colosenses. Es también en este libro que Pablo nos dice que su ministerio consiste en completar la Palabra de Dios (1:27). ¡Cuánto nos faltaría si no tuviéramos sus escritos!



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