EL MINISTERIO DE PABLO (Parte 2)


 CRISTO: CABEZA DE LA IGLESIA, SU CUERPO
Lectura bíblica: Ef. 3:2-11; 1:22-23; 4:10, 13; 2:15; 4:24; Col. 3:10-11; Ef. 5:23-27, 29-32; 2:10

En los cuatro Evangelios, la iglesia es mencionada únicamente dos veces en el libro de Mateo. En el capítulo 16, el Señor dice que edificará Su iglesia y que las puertas del Hades no prevalecerán contra ella (v. 18), y después, en el capítulo 18, Él menciona la iglesia local (v. 17).

El libro de Hechos describe el comienzo de la iglesia y cómo las iglesias fueron establecidas en diferentes lugares. Si nos basáramos únicamente en este libro, no nos sería fácil definir lo qué es la iglesia. Si dependiéramos únicamente de este libro para conocer la iglesia, nuestro entendimiento sería inadecuado.

La palabra griega traducida “iglesia”, ekklesía, significa “la asamblea o la congregación de los que han sido llamados a salir”. En los tiempos antiguos, cuando los griegos se reunían en sus respectivas ciudades para discutir los asuntos de estado, ese cuerpo de ciudadanos era llamado la ekklesía. Así también, Dios ha llamado y congregado a Sus escogidos: y esto es la iglesia. Sin embargo, solo porque entendemos el significado de esta palabra no quiere decir que sepamos mucho acerca de la iglesia.

Es en los escritos de Pablo donde hallamos la presentación más clara y detallada de lo que es la iglesia. Abordaremos seis maneras en las que Pablo describe a la iglesia; y después,  abordaremos  otras seis. Estos doce puntos tienen un significado muy profundo y rico.


MISTERIO DE CRISTO . En Efesios 3:4 la iglesia es llamada el misterio de Cristo
Anteriormente pudimos estudiar en Col. 22 que Cristo es el misterio de Dios, Cristo es la definición completa de Dios. Además, Cristo es la corporificación y expresión de Dios. Podríamos decir que Cristo es la historia de Dios; la historia de Dios es lo mismo que el misterio de Dios.  Así como Cristo es el misterio de Dios, la iglesia es el misterio de Cristo. Cristo mismo es un misterio. La iglesia es la historia de Cristo y es Su corporificación. Si queremos ver a Cristo, tenemos que ir a la iglesia. ¿Dónde está Dios? Dios está en Cristo. ¿Dónde está Cristo? Él está en la iglesia. Todo aquel que quiera ver a Dios debe tener contacto con Cristo. Y todo aquel que quiera conocer a Cristo debe venir a la iglesia.

Efesios 3:2-11 dice claramente que el misterio de Cristo implica Sus inescrutables riquezas; todas estas riquezas se encuentran en la iglesia. En la iglesia no tiene cabida las filosofías, ni el humanismo, ni el pensamiento positivo, ni la meditación trascendental,  sino que sólo hay cabida para Cristo y Sus inescrutables riquezas. Por consiguiente, es por medio de la iglesia que la multiforme sabiduría de Dios es dada a conocer a los principados y potestades en los lugares celestiales. Todo esto es conforme al propósito eterno que Dios hizo en Cristo.

EL CUERPO DE CRISTO.La iglesia también es el Cuerpo (Ef. 1:22-23).
Es únicamente en los escritos de Pablo donde se nos describe la iglesia como el Cuerpo de Cristo; dicha expresión no se registra en los Evangelios ni en Hechos.
Algunos maestros de la Biblia piensan que el Cuerpo de Cristo es simplemente una metáfora, una figura retórica, que nos ayuda a entender lo que es la iglesia, sin embargo  no es simplemente una figura retórica; más bien, es un hecho y una realidad.

Noten que estos versículos (Ef. 1:22-23) dicen que Cristo fue dado “por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su Cuerpo”. Debido a que la iglesia es uno con Cristo, ella comparte Su autoridad como cabeza y disfruta de tal posición. Cristo fue dado por Cabeza sobre todas las cosas, y nosotros, como Cuerpo Suyo, al ser uno con Él, disfrutamos de Su posición como Cabeza.

LA PLENITUD.La iglesia es también “la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” Ef.1: 23).
La iglesia es la llenura, la plenitud de Cristo (4:13). Debido a que Cristo es tan vasto, pues todo lo llena en todo, Él necesita de un gran Cuerpo universal. Este Cuerpo Suyo es Su plenitud, o sea, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Consideren ¡cuán grande es el Cuerpo de Cristo! Se extiende por toda la tierra; se halla en Europa, en Norte América, en el Lejano Oriente, en Australia y áreas circunvecinas, en África y en Sudamérica. ¡Este Cuerpo es sumamente vasto!
 

El NUEVO HOMBRE
La iglesia es también el nuevo hombre (Ef. 2:15; 4:24; Col. 3:10).

En cierto sentido, podríamos decir que la humanidad en su totalidad es un solo hombre. Todos los distintos pueblos en la tierra constituyen este único hombre que las Escrituras llaman el viejo hombre o Adán. En el principio, Dios no creó a dos hombres, sino a uno solo, a Adán. Este único hombre representa a toda la humanidad. Así pues, en Génesis 1:26-27 la totalidad del género humano fue creada.

Sin embargo, en la cruz Dios creó, por medio de Cristo y en Él, otro hombre, ¡el nuevo hombre! Este hombre también es una entidad corporativa, y nosotros estamos incluidos en él. Adán era el viejo hombre, y Cristo junto con la iglesia constituyen este nuevo hombre. Este nuevo hombre no es solamente Cristo, sino también la iglesia. Cristo es la Cabeza de este hombre universal, y la iglesia es Su Cuerpo.

De la misma manera que el cuerpo existe para la expresión de la cabeza, la iglesia como Cuerpo de Cristo es la expresión de Cristo. Así como el hombre existe para expresar a Dios, la iglesia como el nuevo hombre es la expresión de Dios. La iglesia entera es una entidad corporativa y, al mismo tiempo, un solo hombre.

LA NOVIA DE CRISTO
Es maravilloso que la iglesia es el nuevo hombre y es también, al mismo tiempo, la novia
(Ef. 5:23-27, 29-32).

Si usted considera la primera pareja, se acordará que Dios no creó a Eva, sino que la formó a partir de una costilla de Adán. Dios “edificó” una mujer para Adán. Ella era parte de él. De igual manera, la iglesia es parte de Cristo; los dos son uno en naturaleza, vida y existencia. La iglesia no es una entidad independiente, sino que tal como Eva salió de Adán y regresó a él, y los dos llegaron a ser una sola carne (Gn. 2:21-24); así, la iglesia y Cristo son un solo espíritu. La iglesia se originó en Cristo y regresa a Él. Esta relación es una relación de amor. El amor resulta en una unidad genuina. Si dos no pueden ser uno, se debe a la falta de amor. La iglesia y Cristo son verdaderamente uno solo, un solo espíritu. Esta unidad es la expresión de su amor. La iglesia, por tanto, es la novia amada de Cristo.

LA OBRA MAESTRA DE DIOS. Efesios 2:10 dice: “Porque somos Su obra maestra”.

LA FAMILIA DE DIOS. En Efesios 2:19 Pablo nos dice: “Sois [...] miembros de la familia de Dios”
Ya no somos “extranjeros ni advenedizos”, sino miembros de la familia de Dios de una manera orgánica. Somos familia de Dios. Hemos nacido de Él y poseemos Su vida y naturaleza. No sucede lo mismo con los ángeles. Tal vez usted hubiese deseado ser como los ángeles y le hubiese gustado actuar como tal, pero ellos no son hijos de Dios, sino siervos de Él, y debido a que son los siervos de nuestro Padre, ellos también son nuestros siervos. ¡Pero nosotros somos más que siervos! Somos la familia de Dios

EL REINO DE DIOS. Además de ser miembros de la familia de Dios, también somos llamados los conciudadanos de los santos (Ef. 2:19).
Esta palabra, conciudadanos, denota el reino de Dios. La palabra familia se refiere a una relación de vida, mientras que la palabra reino denota autoridad. La iglesia no sólo posee la vida de Dios, sino que también tiene Su autoridad. Dios es tanto el Padre como el Rey; por consiguiente, ¡somos miembros de una familia real! Por haber nacido en la familia de Dios, tenemos Su vida y disfrutamos de Sus riquezas. Pero por ser conciudadanos en Su reino, estamos bajo Su autoridad y tenemos Su autoridad. El reino de Dios es la esfera en que Dios ejerce esta autoridad. ¡Nosotros somos los ciudadanos del Rey!

LA MORADA DE DIOS
La familia de Dios está edificada “sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra de ángulo Cristo Jesús mismo, en quien todo el edificio, bien acoplado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor, en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el espíritu” (Ef. 2:20-22).

Ser edificados no significa ser allegados unos a otros. Ser edificados es crecer juntos. Efesios 4 nos lo explica así: “Sino que asidos a la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo, bien unido y entrelazado [...] causa el crecimiento del Cuerpo para la edificación de sí mismo en amor” (vs. 15-16). La verdadera edificación es un crecimiento. Crecer consiste en salirnos de nosotros mismos para crecer en Cristo, quien es la Cabeza. Este crecimiento es gradual. La medida en que salimos de nosotros mismos y entramos en Aquel que es la Cabeza es el factor que determina nuestro crecimiento, y éste también es el factor que determina cuánto seremos edificados. Cuando salimos de nosotros mismos y crecemos en Cristo, somos edificados.


Local y universal
Esta edificación posee dos aspectos: local y universal. En el aspecto local somos la morada de Dios, y en el aspecto universal somos el templo santo del Señor. Por ejemplo, por ser yo un miembro de la iglesia en Anaheim, he sido edificado con los santos allí. Además, no sólo esto, sino que también creo que he sido juntamente edificado con todos los santos de la tierra. Por tanto, dondequiera que se encuentren las iglesias, yo he sido edificado local y universalmente. No me considero un extraño o un extranjero cuando estoy aquí en Stuttgart; soy parte del templo santo universal del Señor.

Cómo ser edificados
Ser edificados no significa ser allegados unos a otros. Dos maderas podrían estar una al lado de la otra y, aun así, no formar parte de un mismo edificio; así también, es posible que haya cierta intimidad entre ustedes sin que ello signifique que estén edificados.  Todos nosotros debemos saber quién estaba al lado suyo, quienes estaban encima, detrás, debajo, y delante de ellos; con esto les enseñaba que ser edificados era saber en que parte de la casa encajaban, como si fueran maderas que han sido empotradas en un edificio. Pero ahora me doy cuenta de que esta explicación era un concepto natural.

Ser edificados es crecer juntos. Efesios 4 nos lo explica así: “Sino que asidos a la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el Cuerpo, bien unido y entrelazado [...] causa el crecimiento del Cuerpo para la edificación de sí mismo en amor” (vs. 15-16). La verdadera edificación es un crecimiento. Crecer consiste en salirnos de nosotros mismos para crecer en Cristo, quien es la Cabeza. Este crecimiento es gradual. La medida en que salimos de nosotros mismos y entramos en Aquel que es la Cabeza es el factor que determina nuestro crecimiento, y éste también es el factor que determina cuánto seremos edificados. Cuando salimos de nosotros mismos y crecemos en Cristo, somos edificados.

EL GUERRERO
A partir de las exhortaciones presentadas en Efesios 6:11-18, vemos que la iglesia también es un guerrero, el cual necesita la armadura de Dios para poder estar firme contra las estratagemas del diablo.
En este universo se está librando una batalla. La iglesia debe ser un guerrero que pelea, por un lado, en beneficio del reino de Dios y, por otro, contra el enemigo de Dios. La iglesia no es únicamente el hombre, la novia, la familia de Dios y Su morada, sino que también es, a su vez, un guerrero equipado por Dios para batallar contra Satanás y las potestades de las tinieblas que están bajo él. Los problemas que se suscitan en esta tierra provienen de estas potestades espirituales y malignas que están en el aire. La iglesia es la que tiene que estar firme contra estas potestades malignas de las tinieblas.
La iglesia no libra esta batalla por su propia fuerza sino en Cristo. Cristo mismo es la armadura que Dios nos provee. No obstante, vestirnos o no vestirnos de esta armadura depende de nosotros. Cristo es el cinto para ceñirnos los lomos, el escudo para apagar los dardos de fuego de Satanás, el yelmo de salvación, y la espada para aniquilar al enemigo. Nos vestimos de Cristo como nuestra vestidura y nos escondemos en Él a fin de pelear la batalla por Dios.

LA FAMILIA DE LA FE
Hemos descrito diez aspectos de lo que es la iglesia —el misterio de Cristo, Su Cuerpo, Su plenitud, el nuevo hombre, Su novia, la obra maestra de Dios, la familia de Dios, el reino de Dios, la morada de Dios y el guerrero—, todos los cuales se encuentran en Efesios. Pero ahora para ver los dos últimos aspectos debemos ir al libro de Gálatas.
En Gálatas 6:10 la iglesia es llamada la familia de la fe. Vemos aquí que el ministerio completador de Pablo nos presenta otra revelación de lo que es la iglesia usando una expresión muy específica: la familia de la fe.
En Gálatas Pablo hace un contraste entre la ley y la fe. Los judaizantes conforman el pueblo de la ley, mientras que los creyentes, la familia de la fe. El primero pertenece al Antiguo Testamento y el segundo, al Nuevo Testamento. Así pues, el uso de este término, la fe, denota la economía neotestamentaria de Dios; es una manera exhaustiva de decir lo que Dios está haciendo en la actualidad, lo cual no es otra cosa que impartirse en Su pueblo escogido. Podríamos decir que la fe es un paquete, en el cual está envuelta la economía neotestamentaria de Dios.
Esta fe entra en nosotros cuando conocemos a Cristo y sentimos aprecio por Él. A medida que oímos acerca de Él, comenzamos a conocerle y, como resultado, sentimos aprecio por Él. El aprecio que sentimos por Él genera fe en nosotros. De este modo, recibimos a Cristo en nuestro ser y el Dios Triuno es impartido a nosotros. Todo este pensamiento se halla incluido en la expresión la fe. Nosotros no pertenecemos a la ley, sino a esta fe. La ley no puede impartirnos vida, por tanto, no puede producir una familia. Los que son de la ley no tienen vida; pero la fe nos impartió la vida divina e incluso nos impartió a Dios mismo. Por tanto, la fe posee una familia.
¡Los creyentes formamos la familia de la fe que engendra! Somos los miembros de una familia que se extiende por toda la tierra. Y esta familia tiene un nombre: la familia de la fe. Nosotros somos miembros de esta gran familia de la fe, que es la iglesia.

El ISRAEL DE DIOS
En el Antiguo Testamento, Dios contaba con un pueblo que daba testimonio de Él y lo expresaba. Ese pueblo era la nación de Israel. En el Nuevo Testamento, el verdadero Israel de Dios es la iglesia. De hecho, en Gálatas 6:16 Pablo usa la expresión el Israel de Dios.

Hoy en día existe la nación de Israel, el Israel según la carne; el cual no es el verdadero Israel.  El verdadero Israel de Dios es la iglesia. Por tanto, hay dos Israeles: uno según la carne, que se encuentra en Palestina, y el otro según el Espíritu, al cual pertenecemos nosotros. Pablo nos dice que todos los que anden conforme a esta regla, es decir, la nueva creación como norma de vida, son el Israel de Dios. Nosotros somos el Israel de Dios en el Espíritu. Debido a que nosotros somos la iglesia, todas las bendiciones prometidas por Dios en la Biblia son nuestra porción.



EL ESPÍRITU Y NUESTRO ESPÍRITU
Lectura bíblica: Ro. 8:9; Lc. 1:35; Hch. 16:7; Fil. 1:19; 2 Co. 3:17-18; Ro. 8:2; 1 Co. 15:45b; Jn. 7:39; Gá. 3:14; Jn.3:6b; Ro. 8:16; 1 Co. 6:17; Ro. 8:6b, 4
Sin el Espíritu en nuestro espíritu, no sería prevaleciente todo cuanto se ha dicho del Cristo que vive en nosotros, los numerosos aspectos de lo que Él es a fin de que le disfrutemos, y lo que es la iglesia.
¿Cómo puede Cristo vivir en nosotros?
Lo hace por ser el Espíritu en nuestro espíritu. Él es el Espíritu que mora en nuestro espíritu. Asimismo, ¿cómo podemos disfrutar los numerosos y diversos aspectos de Cristo que hemos mencionado? Si Él no fuese el Espíritu vivificante, todo lo que Él es sería algo objetivo y lejano para nosotros. Es debido a que Cristo es el Espíritu que todo cuanto Él es puede ser disfrutado por nosotros en nuestro espíritu.
¿Cómo la iglesia puede ser el misterio de Cristo, el Cuerpo de Cristo y el nuevo hombre?
De nuevo, es por medio del Espíritu que está en nuestro espíritu. Es únicamente por medio del Espíritu en nuestro espíritu que todos los puntos principales que se mencionan en el ministerio completador de Pablo llegan a ser prevalecientes. Pablo nos habla reiteradamente tanto del Espíritu como de nuestro espíritu. En sus escritos se abarcan de manera exhaustiva estos dos espíritus.
LA REVELACIÓN PROGRESIVA
CON RESPECTO AL ESPÍRITU DE DIOS
En el Antiguo Testamento se usa por lo general la expresión Espíritu de Dios, tal como aparece en Génesis 1:2. Además, se halla el término Espíritu de Jehová (p. ej. en Jueces 6:34). Al final del mismo incluso encontramos una expresión excepcional, Espíritu de gracia (Zac. 12:10). El Antiguo Testamento también hace mención del Espíritu de santidad (Is. 63:10, 11; Sal. 51:11; lit.). Sin embargo, “Espíritu de Dios” y “Espíritu de Jehová” son los dos términos más usados en el Antiguo Testamento para referirse al Espíritu.
El Nuevo Testamento usa generalmente las expresiones Espíritu Santo,Espíritu de Dios y el Espíritu. Pablo también menciona muchos otros términos. El término Espíritu de Dios aparece en los escritos de Pablo (Ro. 8:9), pero ahora ya no se trata del Espíritu que se cernía sobre la faz de las aguas; más bien, Él ahora “mora en vosotros”. Así pues, el Espíritu que se movía sobre la faz de las aguas, ¡ahora mora en nosotros! ¡Qué cambio ha habido desde Génesis 1!




ANTIGUO TESTAMENTO NUEVO TESTAMENTO
Espíritu de Dios Espíritu Santo
Espíritu de Jehová Espíritu de Dios
Espíritu de Gracia Espíritu
Espíritu de Santidad


El Espíritu Santo
En sus epístolas Pablo usa numerosas veces el término Espíritu Santo.
El Espíritu Santo es mencionado por primera vez en Lucas 1:35; y aparece cuando una madre humana concibió al Señor Jesús. Esto se debe a que, algo común habría de ser hecho santo. En este mismo versículo, Aquel que iba a nacer fue llamado “lo santo”. El Espíritu Santo entró en un ser humano para concebir algo santo. Cuando el Espíritu Santo entró en personas comunes como nosotros, lo hizo para que nosotros también pudiésemos ser hechos santos.
El Espíritu de Jesús
Hechos 16:7 dice: “El Espíritu de Jesús no se lo permitió”. Este término aparece únicamente en este versículo, e indica que cuando el Señor Jesús vivía en la tierra, el Espíritu de Dios estaba con Él. Jesús era un hombre y , sin embargo, el Espíritu de Dios estaba con Él. Este Espíritu llegó a ser el Espíritu de Jesús, a fin de vivir una vida humana.
El Espíritu de Cristo
En Romanos 8:9 se usa el término“Espíritu de Cristo. Mientras que el Espíritu de Jesús está relacionado con el vivir humano, el Espíritu de Cristo está relacionado con la vida de resurrección. El Señor Jesús llevó una vida humana en la tierra por el Espíritu de Jesús. Ahora que ha entrado en la resurrección, Él vive una vida resucitada por el Espíritu de Cristo.
El Espíritu de Jesucristo
En Filipenses 1:19 encontramos la expresión el Espíritu de Jesucristo, el cual es el Espíritu compuesto y todo-inclusivo. No debiéramos pensar que existen diversos Espíritus con diferentes nombres: el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, el Espíritu de Cristo y ahora el Espíritu de Jesucristo. Hay únicamente un solo Espíritu. Los diferentes nombres indican los diferentes aspectos de este Espíritu todo-inclusivo.
Cuando al Espíritu se le llama “el Espíritu de Jesucristo” incluidos en este nombre se hallan el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús y el Espíritu de Cristo. El Espíritu de Dios sólo poseía divinidad, pero ahora el Espíritu de Jesucristo incluye también la humanidad. Además, también incluyen, Su vivir humano, Su muerte y Su resurrección.
Nuevamente, quiero remitirlos al ungüento compuesto presentado en Éxodo 30. El aceite mencionado solo, denota el Espíritu de Dios, la Deidad misma. Sin embargo, al aceite de olivas había que añadirle cuatro especias, con las cuales era mezclado, a fin de hacer un ungüento. Una vez que se le añadieron estas cuatro especias, el aceite dejó de ser una sustancia simple y se hizo un compuesto.
Al aceite de olivas se le añadía la mirra, la cual denota la muerte de Cristo; la canela, la cual representa la eficacia de Su muerte; el cálamo, que tipifica Su resurrección; y la casia, que denota el poder de Su resurrección. El hecho de que sean cuatro las especias que son añadidas a un hin de aceite de olivas significa que Dios (representado por el número uno) se une al hombre (representado por el número cuatro); o sea, que la divinidad y la humanidad se unen para formar un compuesto.
Son también muy significativas las cantidades de las especias usadas para hacer el ungüento:
  1. Mirra – 500 siclos (v. 23)
  2. Canela – 250 siclos (v. 23)
  3. Cálamo – 250 siclos (v. 23)
  4. Casia – 500 siclos (v. 24)  
Estas cuatro especias están compuestas por tres unidades de quinientos siclos cada una. El número tres denota al Dios Triuno. Entonces, ¿por qué la segunda unidad de quinientos siclos está dividida entre la canela y el cálamo? Debido a que esto nos indica que el segundo de la Deidad fue partido en la cruz.
A partir de este cuadro en el Antiguo Testamento aprendemos que es en el Espíritu de Jesucristo, un Espíritu compuesto, donde se halla la divinidad, la humanidad, el vivir humano, la muerte de Cristo —incluso el hecho de haber sido partido en la cruz— y la eficacia de la misma, la resurrección de Cristo y su poder. ¡Ciertamente que este Espíritu compuesto y todo-inclusivo contiene la suministración abundante!
Sus recursos, los cuales están a nuestro alcance y disposición como la abundante suministración, incluye la divinidad, una humanidad elevada y apropiada, el vivir humano apropiado, la muerte maravillosa de Cristo y la eficacia de la misma, Su resurrección y el poder de la misma, en particular, el poder para repeler al enemigo.
¡Este Espíritu todo-inclusivo y toda esa abundante suministración se halla en nosotros!
El Espíritu del Señor
“Y el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Señor Espíritu” (2 Co. 3:17-18). Es intrigante la manera en que en estos versículos hablan del Espíritu. Primero se nos dice que el Señor es el Espíritu, lo cual quiere decir que el Señor y el Espíritu son uno solo. Luego, en el mismo versículo leemos: “El Espíritu del Señor”; este término suena como si el Espíritu guardara relación con el Señor pero que continúa siendo una persona y el Señor otra. Después, en el versículo 18 leemos: “Señor Espíritu”, que como el título Dios Padre es un nombre compuesto. Cuando decimos Dios Padre, no nos referimos a que el Padre es uno y Dios es otro. Lo mismo sucede con el título Señor Espíritu; el Señor y el Espíritu son uno solo.
La electricidad nos servirá de ejemplo para explicar este pensamiento. Cuando la electricidad corre por los cables es llamada la corriente eléctrica; no obstante, al referirnos a la “corriente eléctrica” no queremos decir que la corriente es una cosa y la electricidad es otra. La corriente es simplemente la electricidad en movimiento. De igual manera, el Señor es el Señor, y en lo concerniente a Su mover, Él es el Espíritu. Cuando Él viene a nosotros, Él viene a nosotros como Espíritu. El Espíritu del Señor es el Señor mismo moviéndose en nosotros. Por experiencia podemos afirmar esto y no como una mera doctrina. A lo largo de los siglos muchos hombres de Dios han testificado lo mismo. Cuando Dios o Cristo viene a nuestro ser, Él viene a nosotros como el Espíritu.
¿Quién vive en nosotros? Es el Espíritu. ¿Quién es el Espíritu? El Espíritu es el Señor y es también el Padre. Según el Nuevo Testamento, el Padre, el Hijo y el Espíritu, todos ellos moran en nosotros. ¿Tenemos a tres personas en nosotros? No podemos responder de forma ligera. Efesios 4:6 dice que el Padre está en nosotros. Colosenses 1:27 afirma que Cristo está en nosotros, y Romanos 8:9 nos dice que el Espíritu de Dios mora en nosotros. ¿Cuántas personas tenemos en nosotros? Esto es un misterio. Cuando tenemos el Espíritu, tenemos al Hijo, y cuando tenemos al Hijo, tenemos al Padre. Al tener al Espíritu, tenemos tanto al Padre como al Hijo. ¡Si tenemos a uno, tenemos a los tres! Ellos son inseparables. ¡El Espíritu del Señor es un Espíritu maravilloso!
El Espíritu de vida
En Romanos 8:2 se menciona el Espíritu de vida; no es fácil de definir este término. Pese a que es difícil definir lo que es la vida, es fácil identificarla. Basta con ver a una persona para distinguir que ella está viva, y si fuéramos a la morgue de inmediato percibiríamos que los cadáveres no tienen vida. Asimismo, no es necesario hacer declaraciones que uno está vivo ni tampoco tratar de convencer a los otros que tiene vida, pues todos, aun sin verlo, podrán saber que es así; de la misma manera, es evidente inmediatamente que la vida abandonó a quienes están muertos.
Si usted tiene el Espíritu de vida, usted está vivo y ciertamente mostrará señales de vida, lo cual indica que tiene a Dios y a Cristo, quienes son vida. El Espíritu es el Espíritu de vida.
El Espíritu vivificante
“Fue hecho [...] el postrer Adán, Espíritu vivificante” (1 Co. 15:45). Este Espíritu no sólo es el Espíritu de vida, sino que Él también nos imparte vida. ¡Él es Aquel que nos da vida!
El Espíritu
Pese a ser tan breve, ¡este término es grandioso! “Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en Él; pues aún no había el Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Jn. 7:39).
¡Cuán extraña resulta la frase pues aún no había el Espíritu! Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo se menciona numerosas veces al Espíritu de Dios, pero ¿qué quiere decir esta mención de “el Espíritu”? Puesto que Jesús todavía tenía que pasar por Su muerte y resurrección a fin de ser glorificado, aún no había el Espíritu de Jesucristo: el Espíritu vivificante, compuesto y todo-inclusivo. Pero hoy, ¡sí tenemos tal Espíritu! Por medio de la fe, hemos recibido la promesa del Espíritu (Gá. 3:14).

NUESTRO ESPÍRITU
Nacido del Espíritu
En términos biológicos, hemos nacido de nuestros padres, pero para ser verdaderos hijos de Dios en necesario nacer del Espíritu. En Juan 3 podemos encontrar el encuentro entre Nicodemo y Jesús. Es Señor deja bien claro la necesidad de nacer de nuevo y que este nacimiento es del Espíritu.

El Espíritu con nuestro espíritu
“El Espíritu mismo da testimonio a  nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios” (Ro. 8:16). Ahora que el Espíritu está en nuestro espíritu en virtud de la regeneración, Él da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Estos dos espíritus dentro de nosotros, se corresponden el uno al otro, y juntos confirman que somos los hijos de Dios.

Un solo Espíritu con el Señor
Hoy el Espíritu es el Dios Triuno quien posee la naturaleza humana, el vivir humano, la muerte todo-inclusiva de Cristo así como Su resurrección. En 1 Corintios 6:17 dice: “El que se une al Señor, es un solo espíritu con Él”. Nuestro espíritu se ha mezclado con este Espíritu y es uno con Él.

La mente puesta en el espíritu
“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz” (Ro. 8:6). A lo largo del día debemos tener la mente puesta en este espíritu mezclado.

Andar conforme al espíritu
Andar conforme al espíritu (Ro. 8:4) es practicar el ser un solo espíritu con el Señor. Debemos tener la mente puesta en el espíritu y andar conforme a este un solo espíritu, es decir, nuestro espíritu mezclado con el Suyo. Podríamos decirle al Señor: “Señor, ya no me preocupa si amo u odio a los demás, ni tampoco me preocupa si soy una persona orgullosa o humilde. Todas estas cosas ya no me preocupan. Lo único que deseo hacer, es tener mi mente puesta en el espíritu y andar conforme al espíritu. Quiero poner en práctica este hecho espiritual, que soy un solo espíritu contigo”.
Ser un solo espíritu con el Señor es el punto que da consumación al ministerio completador de Pablo. No intente vencer el pecado y el mundo. Tampoco intente ser espiritual. Simplemente tenga su mente puesta en el espíritu y ande conforme al espíritu.

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