UN ESTUDIO DE COLOSENSES (PARTE 1)

ESTUDIO DEL LIBRO COLOSENSES

TRASFONDO DEL LIBRO:

El libro de Colosenses revela a Cristo de una manera más completa que cualquier otro libro de la Biblia. Antes de estudiar la revelación que Colosenses presenta acerca de Cristo, debemos prestar atención al trasfondo de este libro y a la posición que ocupa, ya que éstos son dos aspectos fundamentales.

Tres versículos, a saber, Colosenses 2:8, 16 y 18, los cuales son advertencias, nos permiten ver la situación que causó que esta epístola fuera escrita.

Colosenses 2:8
Este versículo menciona cuatro cosas negativas que pueden llevarnos cautivos:
1. La filosofía.
2. Las huecas sutilezas
3. Las tradiciones
4. Los rudimentos del mundo.

Colosenses 2:16:
Aquí Pablo menciona varias cosas positivas: la comida, la bebida, los días de fiesta, las lunas nuevas y los sábados. Él exhortó a los colosenses a no permitir que nadie los juzgara con respecto a estas cosas.

Colosenses 2:18:
El premio mencionado en este versículo es Cristo como nuestro deleite. Es posible que la humildad, una virtud humana muy positiva, nos prive de nuestro premio.
  1. El ascetismo había saturado la iglesia en Colosas.Este ascetismo estaba relacionado con la legalidad de las ordenanzas (2:20-21) y con las observancias judías (2:16).
  2. El misticismo había invadido la iglesia en Colosas. Este misticismo estaba relacionado con el gnosticismo, el cual estaba compuesto de filosofías egipcias, babilónicas, judías y griegas (2:8), y del culto a los ángeles (2:18).
Lo más crítico del trasfondo del libro de Colosenses, es que la cultura se había introducido en la vida de iglesia. La población de Colosas era una mezcla de gentiles y de judíos, quienes tenían culturas distintas.

Tal mezcla de culturas inundó la iglesia en Colosas. La iglesia debe ser una casa llena de Cristo y constituida de Él; pero en lugar de esto, vemos que allí la iglesia había sido invadida por la cultura. Los distintos aspectos de esta cultura mixta reemplazaban en gran parte a Cristo, quien debe ser el único elemento en la vida de iglesia.

La sutileza del enemigo consiste en hacer que los elementos de la cultura inunden la iglesia. Esto era lo que el enemigo estaba haciendo cuando fue escrito el libro de Colosenses.

En la religión de hoy, algunos pastores y ministros permiten que su personalidad reemplace a Cristo. Algunos obreros cristianos poseen una personalidad dinámica y atractiva, y la usan para atraer muchas personas, no hacia Cristo, sino hacia sí mismos. Es por eso que muchos cristianos elogian, e incluso alaban, la personalidad de algunos pastores. Aquellos que no tienen una personalidad tan notoria atraen a las personas con su amabilidad o humildad. Debido a esto, los cristianos prefieren asistir a cierta “iglesia” porque el ministro de allí es amable y compasivo.

El pensamiento principal de la Epístola a los Colosenses es que, a los ojos de Dios, lo único que cuenta es Cristo. Este hecho excluye tanto lo bueno como lo malo, lo pecaminoso y lo culto, y en particular, elimina todos los buenos aspectos de la cultura. Hemos dicho en repetidas ocasiones que el enemigo de Dios utiliza la cultura para reemplazar a Cristo. Esto constituye una ofensa para Dios. Si Satanás no logra corrompernos con cosas malas, Dios sabe bien que intentará hacerlo con los buenos aspectos de la cultura, con el fin de reemplazar a Cristo. Entre los cristianos de hoy, ¿dónde se puede hallar un grupo de creyentes en los que se perciba únicamente a Cristo? Entre los diferentes grupos cristianos pueden apreciarse muchas cosas buenas, pero en realidad ninguna de ellas es la persona de Cristo, sino algo que sutilmente lo ha reemplazado a Él.

INTRODUCCION:

Colosenses 1:1-8 constituye la introducción de esta epístola, donde se nos presenta el propósito y el tema del libro. El propósito y el tema de Pablo no se mencionan de una forma explícita, sino indirectamente mediante los indicios que nos proporcionan estos versículos.

1. El primero de estos indicios es la frase “la esperanza que os está guardada en los cielos” (v. 5).
2. Otro indicio lo encontramos en la expresión “la palabra de la verdad del evangelio” (v. 5).
3. El tercer indicio se ve en las palabras “conocisteis la gracia de Dios en verdad” (v. 6).

 LA ESPERANZA QUE NOS ESTÁ GUARDADA

Examinemos ahora la esperanza mencionada en el versículo 5. La esperanza, la fe y el amor mencionados en los versículos 4 y 5, son las mismas tres cosas que el apóstol recalcó en 1 Corintios 13:13. Allí, debido a la situación de los corintios, se dio énfasis al amor; aquí se da énfasis a la esperanza, la cual, hablando con propiedad, es Cristo mismo (v. 27), a fin de que Él sea revelado como el todo para nosotros. Algunos piensan que la esperanza que nos está guardada en los cielos se refiere a alguna bendición particular o a cierta clase de goce glorioso. Cuando era joven, se me dijo que, conforme a Juan 14, el Señor Jesús nos estaba preparando una mansión maravillosa en los cielos y que ésa era la esperanza que nos estaba guardada. ¡Qué error más grave! Nuestra esperanza es Cristo mismo. Según el versículo 27, Cristo en nosotros es la esperanza de gloria. Por un lado, Él está en los cielos, pero por otro, Él está en nosotros con el fin de ser nuestra esperanza.

Si queremos entender esto plenamente, tenemos que examinar la fe y el amor mencionados en el versículo 4. En este versículo Pablo dice: “Habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos”. Tener fe es tocar la realidad de lo que está en Cristo y recibirla; amar es experimentar y disfrutar lo que hemos recibido de Cristo; y tener esperanza es aguardar con certeza la glorificación en Cristo. Todo verdadero cristiano tiene fe en el Señor Jesús y amor para con todos los santos. Éstas son dos señales que distinguen a los verdaderos cristianos. Supongamos que yo me acercara a cierta persona y le dijera que creo en el Señor Jesús. Si esa persona no me responde en amor, es posible que no sea un verdadero creyente. El amor hacia los hermanos debe acompañar siempre a la fe en el Señor Jesús. El amor y la fe no pueden divorciarse.

Efectivamente, Pablo dice en Filipenses 3:4 que Cristo es nuestra vida y que cuando Cristo se manifieste, nosotros seremos manifestados con Él en gloria. Pero supongamos que, en lugar de vivir por Él, viviéramos regidos por el yo y por nuestras preferencias, amando sólo a los santos que nos caen bien. Amar a los santos de una manera selectiva es vivir por el yo, y no por Cristo. Y si vivimos de esta manera, no estaremos contentos cuando el Señor Jesucristo se manifieste en gloria. Repito que la medida en que disfrutemos a Cristo como nuestra esperanza de gloria, dependerá de la medida en la que le expresemos hoy en nuestro vivir. Por tanto, el hecho de atesorar esperanza en los cielos, depende de nuestro vivir actual.

Si vivimos a Cristo y somos uno con Él, debemos ser capaces de decir: “Señor Jesús, te amo, y te tomo como mi vida y como mi persona. Señor, quiero estar contigo en Tu gloria y verte cara a cara. Quiero disfrutar de Tu presencia, incluso de Tu presencia física, de una manera práctica. Señor, éste es mi anhelo y esperanza”. Si usted ora al Señor de esta manera cada día, se sentirá muy feliz cuando Él regrese.

Pero supongamos que a usted no le preocupa el Señor ni tiene contacto con Él. Tal vez no peque ni lleve una vida mundana, pero vive continuamente en el yo. Puede ser que sienta respeto hacia el Señor Jesús por ser el Salvador y el Señor, pero es posible que aunque usted lo honre, Él no sea tan querido y precioso para usted, y que no tenga comunión íntima con Él, ni le viva ni le tome como su persona. Si ésta es la vida que usted lleva con respecto al Señor, ¿cree que estará lleno de emoción y dará gritos de alabanza cuando Él regrese? ¡Por supuesto que no! Por el contrario, usted, se alejará de Él avergonzado. El regreso de Cristo será glorioso para usted de acuerdo con la medida de esperanza que haya depositado en los cielos, al vivir a Cristo hoy.

CRISTO NUESTRA VIDA
El hecho de atesorar esperanza en los cielos equivale al hecho de vivir a Cristo y tomarlo como nuestra persona. Colosenses 3:4 es el único versículo en la Biblia que dice que Cristo es nuestra vida. En Juan 14:6 el Señor Jesús dice: “Yo soy ... la vida”, pero en Colosenses 3:4 Pablo dice que Cristo es “nuestra vida”. Ésta es una expresión muy subjetiva. Ya que Cristo es nuestra vida, tenemos que vivir por Él; es así como atesoramos una esperanza para nosotros en los cielos. Esto es lo que significa amar a todos los santos a causa de la esperanza que nos está guardada en los cielos.

LA VERDAD DEL EVANGELIO
En 1:5 Pablo añade: “De la cual antes oísteis en la palabra de la verdad del evangelio”. La verdad del evangelio se refiere a la realidad, los hechos reales, y no la doctrina del evangelio. “La palabra”, no la verdad, puede ser considerada como la doctrina del evangelio. Pero en nuestra predicación del evangelio no sólo debe estar presente la palabra del evangelio, sino también la verdad del evangelio, que es Cristo mismo. Cristo, la realidad del evangelio, debe ser la realidad de nuestra predicación.

Debemos decirle al Señor se que el conocimiento en letras es importante, pero lo más importante es, Su presencia, y que deseamos que Él se infunda en nosotros y nos sature de Sí mismo. Lo que queremos es estar bajo Su resplandor celestial; cuanto más permanezcamos bajo Su resplandor, más Su realidad saturará e impregnará nuestro ser. Ésta es la verdad, la cual es Cristo mismo.

Los colosenses habían oído la palabra de la verdad del evangelio, o sea, la realidad misma del evangelio. Debido a esto, ellos podían atesorar para sí una esperanza en los cielos al vivir a Cristo, amando a los santos. Debido a que tomaban a Cristo como su vida, ellos podían amar a aquellos que, humanamente, les era imposible amar. Puesto que disfrutaban a Cristo como vida al absorberle como la verdad del evangelio, ellos podían experimentarlo como su esperanza. Por lo tanto, en estos versículos, tanto la esperanza como la verdad son el propio Cristo a quien experimentamos subjetivamente.

EL FRUTO DEL EVANGELIO
El versículo 6 añade: “Que ha llegado a vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad”. El amor por los santos es el fruto producido por el evangelio. Cuando el evangelio es predicado en su realidad, lleva fruto. En aquellos que lo reciben, produce amor hacia todos los creyentes.

La iglesia en Colosas estaba compuesta tanto de judíos como de gentiles. Era común que los judíos y los gentiles se despreciaran y se odiaran mutuamente. No obstante, después de creer en el Señor Jesús, los creyentes judíos y los creyentes gentiles de Calosas llegaron a amarse los unos a los otros. Aunque tal amor era humanamente imposible, éste fue el fruto del evangelio. El evangelio que crece y lleva fruto es Cristo mismo. Esto indica que en realidad era Cristo quien estaba creciendo en los colosenses desde el día en que ellos empezaron a oír la palabra de la verdad del evangelio.

CONOCER LA GRACIA DE DIOS EN VERDAD
En este versículo, Pablo dice que los colosenses conocieron la gracia de Dios en verdad. [Según el griego, la palabra “conocisteis” denota un conocimiento pleno]. Por tanto, conocer la gracia de Dios en este contexto es conocerla plenamente, y no en parte. La gracia de Dios equivale a lo que Dios es para nosotros y lo que Él nos da en Cristo (Jn. 1:17; 1 Co. 15:10). De hecho, la gracia es Cristo mismo. En el primer capítulo del Evangelio de Juan se nos dice que el Verbo que estaba con Dios y que era Dios, se hizo carne y fijó tabernáculo entre nosotros, lleno de gracia y de verdad (vs. 1, 14). Además, de Su plenitud recibimos todos, y gracia sobre gracia (v. 16). Aquí la palabra “verdad” significa realidad. Conocer la gracia de Dios en verdad es conocerla por experiencia, en su realidad, y no sólo mentalmente, en palabras o doctrinas. La verdad es Cristo como realidad, y la gracia es Cristo como nuestro deleite. Al experimentar y disfrutar a Cristo, el Cristo que es la verdad llega a ser nuestra gracia. El evangelio crece en nosotros y lleva fruto a medida que disfrutamos a Cristo y lo experimentamos como nuestra gracia.

En estos versículos vemos cuánto Cristo representa para nosotros:
1.    Él es nuestra esperanza.
2.    Nuestra verdad.
3.    Nuestra realidad.
4.    Nuestra gracia.

Sólo cuando Cristo llega a ser gracia para nosotros es que podemos disfrutarlo y experimentarlo. Cuanto más disfrutamos y experimentamos a Cristo, más crecemos en Él, llevamos fruto, vivimos por Él y atesoramos una esperanza para nosotros en los cielos.

UN MINISTRO DE CRISTO
En el versículo 7 Pablo dice: “Como lo habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, que es un fiel ministro de Cristo a favor vuestro”. Aquí Pablo declara que Epafras era un ministro de Cristo. Un ministro de Cristo no es solamente un siervo de Cristo, uno que sirve a Cristo, sino alguien que sirve a otros ministrándoles a Cristo.

ESTUDIEMOS LA ORACION DEL APOSTOL PABLO:

El tema del libro de Colosenses es el Cristo todo-inclusivo. Pablo indica, en sus palabras de introducción (1:1-8), que Cristo es nuestra esperanza, nuestra realidad y nuestra gracia. En su oración y acción de gracias (1:9-14), él indica más claramente que Cristo es Aquel que es todo-inclusivo. Examinemos primeramente la oración de Pablo (vs. 9-11) y luego la acción de gracias que él ofrece (vs. 12-14).

EL APÓSTOL ORA PIDIENDO QUE LOS SANTOS SEAN LLENOS DEL PLENO CONOCIMIENTO DE LA  VOLUNTAD DE DIOS.

El versículo 9 dice: “Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del pleno conocimiento de Su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual”. La voluntad de Dios aquí se refiere a Su propósito eterno, es decir, a Su economía tocante a Cristo (Ef. 1:5, 9, 11), y no a asuntos secundarios.

Presenta al Cristo todo-inclusivo como nuestra porción.
La voluntad de Dios en este contexto no se centra en asuntos como el matrimonio, el trabajo o la vivienda, sino en el Cristo todo-inclusivo, quien es nuestra porción. La voluntad de Dios es que conozcamos al Cristo todo-inclusivo, le experimentemos y le vivamos como nuestra vida. Conocer a Cristo de esta manera es tener el pleno conocimiento de la voluntad de Dios.

En  toda sabiduría espiritual.
Para conocer y experimentar al Cristo todo-inclusivo, se requiere toda sabiduría e inteligencia espiritual. Las palabras “toda” y “espiritual” modifican a “sabiduría” y a “inteligencia”. La sabiduría e inteligencia espirituales provienen del Espíritu de Dios, el cual está en nuestro espíritu, mientras que la filosofía gnóstica está meramente en la mente humana entenebrecida. La sabiduría se halla en nuestro espíritu y nos ayuda a percibir la voluntad eterna de Dios, y la inteligencia espiritual está en nuestra mente, la cual ha sido renovada por el Espíritu, y nos permite entender e interpretar lo que percibimos en nuestro espíritu.

La sabiduría es la intuición propia de nuestro espíritu, mientras que la inteligencia es la comprensión por parte de nuestra mente. Mediante la intuición de nuestro espíritu, percibimos algo con respecto a Cristo. Sin embargo, además de esto, requerimos que nuestra mente interprete el sentir de nuestro espíritu, a fin de que podamos entenderlo. De esta manera, tendremos palabras adecuadas para expresar lo que sentimos y entendemos. Esto requiere el ejercicio de toda sabiduría e inteligencia espiritual.

No era la voluntad de Dios que los colosenses guardaran las observancias judías, los preceptos gentiles ni ninguna filosofía humana. Por otra parte, tampoco era Su voluntad que ellos practicaran el ascetismo, el cual consiste en tratar duramente el cuerpo a fin de frenar los apetitos de la carne. Más bien, la voluntad de Dios era que los colosenses conocieran, experimentaran, disfrutaran y vivieran a Cristo, y que permitieran que Cristo fuera la vida y la persona de ellos; con respeto a nosotros, la voluntad de Dios sigue siendo lo mismo. En el caso de los colosenses, Pablo parecía estar diciendo: “Colosenses, vosotros habéis sido distraídos, descarriados y defraudados por el gnosticismo, el misticismo, el ascetismo, las observancias y las ordenanzas. Vosotros necesitáis ser llenos del pleno conocimiento de la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es que toméis al Cristo todo-inclusivo como vuestra porción”.  


Andar como es digno del Señor.
 
En el versículo 10 Pablo añade: “Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo por el pleno conocimiento de Dios”. Cuando tenemos el pleno conocimiento de la voluntad de Dios, andamos como es digno del Señor. Si comprendemos que la voluntad de Dios consiste en que Cristo nos sature, en que tomemos a Cristo como nuestra vida y persona y en que lo vivamos, entonces, espontáneamente, nuestro andar será digno del Señor. Algunos piensan que andar como es digno del Señor significa ser humildes, amables y generosos. Pero debemos entender que nuestro andar es digno sólo cuando vivimos a Cristo. Es posible ser humildes, agradables y generosos, sin vivir por Cristo. Sin embargo, sólo cuando vivimos a Cristo y le expresamos, podemos andar como es digno del Señor. Cristo es la voluntad de Dios y también debe ser nuestro andar.  

Agradar al Señor en todo.  Al andar como es digno del Señor, nos conducimos “agradándole en todo”, es decir, agradamos al Señor en todo aspecto. Dios el Padre se complace en el Hijo (Mt. 3:17; 17:5). En Gálatas 1:15 y 16 Pablo dice que agradó a Dios revelar a Cristo, Su Hijo, en él. No existe nada que agrade más a Dios el Padre que el hecho de que vivamos a Cristo. Aparte de Cristo, nada puede agradar al Padre.
Asimismo, las únicas ocasiones en que nos sentimos plenamente felices es cuando vivimos a Cristo. Cuando somos humildes o bondadosos de una manera natural, nos sentimos insatisfechos. Pero si tomamos a Cristo como nuestra vida y nuestra persona, y le expresamos en nuestro vivir, seremos la gente más feliz de la tierra. Vivir a Cristo no solamente agrada al Padre, sino que también nos agrada a nosotros. No hay otra cosa más agradable que vivir, disfrutar y experimentar a Cristo.


Llevar fruto en toda buena obra. Si andamos como es digno del Señor, llevaremos fruto en toda buena obra. No debemos entender esto conforme a nuestro concepto natural; aquí llevar fruto se refiere a vivir a Cristo, a cultivarlo, expresarlo y producirlo en todo aspecto. Éstas son las buenas obras a las que Pablo se refería.

Crecer en el pleno conocimiento de Dios. Dichas obras se relacionan con la cláusula “creciendo por el pleno conocimiento de Dios”. Dicho conocimiento no es el conocimiento en la letra, en la mente, sino el conocimiento vivo de Dios, en nuestro espíritu, por medio del cual crecemos en vida. Necesitamos tal conocimiento a fin de vivir, cultivar y producir a Cristo.  Cristo no solamente es la voluntad de Dios y nuestro andar, sino también “toda buena obra” y “el pleno conocimiento de Dios”. Una vez más, vemos que Cristo es todo-inclusivo. Cuanto más profundizamos en el libro de Colosenses, más vemos que Cristo es la esperanza, la verdad, la gracia, la voluntad de Dios y el todo para nosotros.
 

Ser fortalecidos con todo poder. En el versículo 11 Pablo añade: “Fortalecidos con todo poder, conforme a la potencia de Su gloria, para toda perseverancia y longanimidad con gozo”. Este poder no es solamente el poder de la resurrección de Cristo (Fil. 3:10), sino Cristo mismo. En nosotros tenemos a Cristo como la dínamo que continuamente nos reviste de poder “conforme a la potencia de Su gloria”. Ésta es la potencia que expresa la gloria de Dios, es decir, glorifica a Dios en Su potencia. Es con esta potencia que somos revestidos de poder.  Cristo nos fortalece “para toda perseverancia y longanimidad con gozo”. Gracias a este maravilloso poder podemos estar gozosos aun en medio de los sufrimientos. Mediante este poder podemos aceptar con gozo todo lo que nos sobrevenga. Y la razón por la que estamos gozosos es que tenemos en nosotros al Cristo resucitado como el poder que actúa en nosotros. Si nos regocijamos en tiempos de aflicción, no envejeceremos tan rápidamente; antes bien, pareceremos más jóvenes de lo que realmente somos.  El apóstol Pablo no oró para que los colosenses tuvieran los mejores cónyuges, las mejores casas o los mejores trabajos. Tampoco oró para que ellos no tuvieran que pasar por sufrimientos. En lugar de ello, oró para que ellos fueran fortalecidos para toda perseverancia y longanimidad con gozo; en otras palabras, oró para que tuvieran la capacidad de sufrir, incluso por mucho tiempo, sin perder el gozo. El hecho de que suframos por largo tiempo sin perder el gozo indica que estamos soportando los sufrimientos en Cristo. En realidad, los sufrimientos pueden ayudarnos a disfrutar más a Cristo. Cristo mismo es el gozo, la perseverancia y la longanimidad. Por tanto, la oración de Pablo es una oración que nos conduce a experimentar a Cristo.
  LA ACCION DE GRACIA DEL APOSTOL

Al Padre. En Colosenses 1:12-14 tenemos la acción de gracias por parte de Pablo. En su oración, Pablo dio gracias al Padre, quien es el origen y la fuente de toda bendición, y al hacerlo, nos llevó al tema de su epístola: el Cristo todo-inclusivo.

Por hacernos aptos para participar de la porción de los santos de la luz. Pablo, a diferencia de muchos cristianos de hoy, no dio gracias por asuntos tales como la sanidad, la salud, la vivienda, la vida familiar ni el trabajo; en lugar de ello, dio gracias al Padre por hacernos aptos “para participar de la porción de los santos en la luz”. Ya que el libro de Colosenses se centra en Cristo, quien es la Cabeza del Cuerpo, “la porción de los santos” debe de referirse al Cristo todo-inclusivo, quien es dado a los santos para que lo disfruten. El Padre no nos ha hecho aptos para heredar una mansión celestial, sino para participar del Cristo que es la porción inagotable de los santos. Podemos declarar con denuedo que Cristo es nuestra porción completa.


Por librarnos de la potestad de las tinieblas y trasladarnos al reino del Hijo de Su amor. El versículo 13 explica y define la manera en que el Padre nos hizo aptos para participar de la porción de los santos. Este versículo dice que el Padre “nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino del Hijo de Su amor”. Era necesario que Él nos librara de la potestad de las tinieblas, es decir, del reino de Satanás (Mt. 12:26), y nos trasladara al reino del Hijo de Su amor, para que Cristo fuera la Cabeza del Cuerpo, y para que nosotros, Sus creyentes, fuéramos los miembros de Su Cuerpo. Esto tenía como fin hacernos aptos para participar de Cristo como nuestra porción.
Si todavía siguiéramos bajo la potestad de las tinieblas, no seríamos aptos para participar de Cristo. No obstante, el Padre nos libró de la potestad de las tinieblas. ¡Alabémosle porque ya no estamos en el reino satánico! Lo primero que Dios hizo para hacernos aptos a fin de que participáramos de Cristo, fue librarnos de la potestad de las tinieblas.
En segundo lugar, Él nos trasladó al reino del Hijo de Su amor. Así que, hemos experimentado una liberación y un traslado. Debido a que Satanás es tinieblas y Cristo, el Hijo de Dios, es luz, el reino de Satanás es la potestad de las tinieblas, y el reino del Hijo de Dios es el reino de la luz. Por consiguiente, al ser librados del reino de Satanás y trasladados al reino de Cristo, fuimos hechos aptos para participar de la porción de los santos.


Por la redención, el perdón de pecados. En el versículo 14, Pablo añade: “En quien tenemos redención, el perdón de pecados”. La liberación mencionada en el versículo 13 resuelve el problema de la potestad que Satanás tenía sobre nosotros, al destruir su poder maligno, mientras que la redención mencionada en este versículo resuelve el problema de nuestros pecados, al cumplir el justo requisito de Dios. El perdón de pecados es la redención que tenemos en Cristo. La muerte de Cristo efectuó la redención a fin de concedernos el perdón de nuestros pecados.


En Cristo, quien es el Hijo del amor de Dios, tenemos redención y perdón. Cuando creímos en Cristo como nuestro Redentor, en ese mismo instante, Dios nos libró de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino de la luz. Ahora, estando en la luz, somos aptos para participar de la porción de los santos, lo cual significa que podemos disfrutar a Cristo mismo. Debido a que el ser hechos aptos es un hecho consumado, no necesitamos orar al respecto. Antes bien, al igual que Pablo, simplemente debemos dar gracias al Padre por ello. No obstante, sí necesitamos orar para conocer la voluntad de Dios y poder andar como es digno del Señor, agradándole en todo. Ahora que estamos en el reino del Hijo del amor de Dios, disfrutándole en la luz, debemos proseguir para conocerle plenamente y andar como es digno de Él.
LIBRADOS DE LA POTESTAD DE LAS TINIEBLAS Y TRASLADADOS AL REINO DEL HIJO DE SU AMOR

En 1:13 Pablo dice: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino del Hijo de Su amor”. Las palabras de Pablo aquí corresponden a lo que el Señor le dijo mientras él iba camino a Damasco. En Hechos 26:18 vemos que el Señor comisionó a Pablo, diciéndole: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban perdón de pecados y herencia entre los que han sido santificados por la fe que es en Mí”. Tanto en este versículo como en Colosenses 1:12 y 13, Pablo menciona las tinieblas, la luz, la potestad, los que son santificados y la porción o herencia. Sin lugar a dudas, las palabras de Pablo en Colosenses reflejan lo que el Señor le dijo en el momento de su conversión.

La potestad de las tinieblas no se refiere solamente a cosas malignas, tales como apostar, robar o fornicar. Las tinieblas mencionada en este versículo, encierra mucho más que esto. En el libro de Colosenses, la potestad de las tinieblas no se refiere a cosas malignas, sino a las observancias religiosas, a los preceptos gentiles y a la filosofía gnóstica. De hecho, en el capítulo dos, Pablo relacionó la adoración a los ángeles, es decir, la idolatría, con la filosofía, el misticismo, el gnosticismo y el ascetismo. El ascetismo consiste en tratar severamente el cuerpo a fin de frenar los apetitos de la carne. Podemos encontrar dicha práctica en el hinduismo, el budismo y el catolicismo. Pero como veremos más adelante, el ascetismo no tiene ningún valor contra los apetitos de la carne (2:23). Las observancias religiosas, el ascetismo y la filosofía no son malas. Incluso algunas observancias se basan en los mandamientos que Dios dio en el Antiguo Testamento, como son las regulaciones sobre los alimentos. Sin embargo, cuando Pablo dice que el Padre nos ha librado de la potestad de las tinieblas, se refiere a tales observancias, ordenanzas, filosofías y prácticas ascéticas. Comúnmente, todos consideramos los casinos y juegos de azar como parte de la potestad de las tinieblas, pero no creo que muchos piensen lo mismo de las filosofías y de las enseñanzas éticas. Por lo tanto, es crucial que entendamos el sentido en que Pablo usa esta palabra en el libro de Colosenses.
 

La potestad de las tinieblas es la autoridad  de Satanás, la potestad de maldad en las regiones celestes. La potestad de las tinieblas denota la autoridad de Satanás. Dios es luz, y Satanás es tinieblas. La potestad de las tinieblas de Satanás es la potestad de maldad en las regiones celestes, en el aire (Ef. 6:12). La maldad se refiere a lo que está en rebelión contra Dios. La potestad de maldad o de rebelión en las regiones celestes constituyen el reino de Satanás, la potestad de las tinieblas (Mt. 12:26).

Las tinieblas se relacionan con la muerte. Las tinieblas están relacionadas con la muerte. Donde hay tinieblas, también hay muerte. Las tinieblas se oponen a la luz, la cual tiene que ver con la vida. Satanás, las tinieblas y la muerte se oponen a Dios, a la luz y a la vida. Según 1 Pedro 2:9, fuimos llamados de las tinieblas a la luz admirable de Dios. Las tinieblas son Satanás mismo como muerte, y la luz es Dios mismo como vida.

Librados del diablo, quien tiene el imperio de la muerte .Ser librados de la potestad de las tinieblas significa ser librados del diablo, quien tiene el imperio de la muerte (He. 2:14; Jn. 17:15). Fuimos librados del diablo, Satanás, por la muerte de Cristo (Col. 2:15) y por la vida de Cristo en resurrección (Jn. 5:24). Hemos visto que la potestad de las tinieblas constituye el reino de Satanás y que Satanás mismo es las tinieblas. El reino de Satanás es un sistema. Sin embargo, no todo lo que compone este sistema es malo; por el contrario, muchas cosas en él son buenas, o por lo menos así las considera la sociedad. Satanás usa diversas cosas, tanto buenas como malas, para recluir a las personas dentro de su sistema y no dejarlas salir. Satanás usa las apuestas para atrapar en este sistema a los que son aficionados a los juegos de azar. Por consiguiente, en su reino existe un ministerio, un departamento, de apuestas. De la misma manera, puesto que Satanás sabe que otros valoran mucho el conocimiento, él dispone de un departamento de ciencias en su reino, con miras a recluirlos dentro de su sistema. La mayoría de las personas condena los juegos de azar, pero casi nadie considera el conocimiento algo negativo. Si sólo advertimos a las personas a que se mantengan alejados de los aspectos negativos del sistema de Satanás, seremos apreciados por la gente. Satanás atrapa algunas personas en su sistema tentándolas a practicar el mal, pero atrapa a otras incitándolas a esforzarse por suprimir el mal.

Tanto los judíos como los musulmanes se oponen vigorosamente al evangelio de Cristo. Los musulmanes no son controlados por cosas malignas, sino por los principios del islamismo. Aparentemente, dichos principios son buenos, pero en realidad, son de temer.


Los mormones, quienes se caracterizan por ser honestos, éticos y morales en su vida diaria, también son controlados por cosas aparentemente buenas. Ellos no sólo se abstienen de bebidas alcohólicas, sino que ni siquiera beben café ni té. ¡Cuán estrictos y rectos parecen ser! Sin embargo, el mormonismo también forma parte de la potestad de las tinieblas, y los mormones son retenidos en las tinieblas y controlados por Satanás.

Si hemos de entender apropiadamente Colosenses 1:13, debemos estudiar este versículo dentro del contexto de toda la epístola. Al considerar este libro en su totalidad, descubrimos que la potestad de las tinieblas incluye la religión judía con sus observancias, principalmente la de la circuncisión, y también las ordenanzas, la filosofía, el misticismo y el ascetismo gentiles. Hoy, al igual que la época en que se escribió el libro de Colosenses, todo el mundo se encuentra en tinieblas. Estar en tinieblas simplemente significa no tener luz. Todas las universidades y todos los distintos grupos sociales se hallan bajo la potestad de las tinieblas. Cada aspecto de la sociedad,  se encuentra en oscuridad. No piense que las tinieblas sólo se encuentran donde está el mal. Pablo les dijo a los colosenses que Dios los había librado de la potestad de las tinieblas, es decir, de leyes, ordenanzas y prácticas, así como del ascetismo, del misticismo y de la filosofía. A pesar de que entre éstos se incluyen los aspectos más refinados de la cultura, aún así forman parte de la potestad de las tinieblas mediante la cual Satanás controla a las personas.
TRASLADADOS AL REINO DEL HIJO DE SU AMOR

El reino del Hijo es la autoridad de Cristo No sólo fuimos librados de la potestad de las tinieblas, sino también trasladados al reino del Hijo del amor de Dios. El reino del Hijo es la autoridad de Cristo (Ap. 11:15; 12:10).


El Hijo del Padre es la expresión del Padre, quien es la fuente de la vida El Hijo del Padre es la expresión del Padre, quien es la fuente de la vida (Jn. 1:18, 4; 1 Jn. 1:2). El Padre, como fuente de la vida, es expresado en el Hijo. El Hijo del amor del Padre, como objeto del amor del Padre, llega a ser la corporificación de la vida para nosotros, en el amor divino y con la autoridad que se halla en resurrección. El Hijo, como corporificación de la vida divina, es el objeto del amor del Padre; la vida divina, la cual se encuentra corporificada en el Hijo, nos es dada en el amor divino. De esta manera, el objeto del amor divino llega a ser para nosotros la corporificación de la vida en el amor divino, con la autoridad que está en resurrección. Éste es el reino del Hijo de Su amor.

Cuanto más nos dispongamos a ser restringidos y gobernados por el Señor Jesús, siendo motivados por nuestro amor por Él, más creceremos en vida, incluso en abundancia de vida. Esto indica que el reino del Hijo de Su amor tiene como fin que nos deleitemos en el Cristo que es vida para nosotros. Es aquí donde somos librados de todo lo que no es Cristo, lo cual incluye no solamente cosas malignas, sino también asuntos tales como la filosofía, las ordenanzas, las observancias y el ascetismo. Cuando nos aferrábamos a la filosofía, a la ética, al ascetismo y a las ordenanzas, estábamos bajo la potestad de las tinieblas. No obstante, Dios nos libró de esta potestad y nos trasladó a un reino de amor, en el que abunda la vida y la luz. Estando aquí no tenemos observancias, rituales, ordenanzas, prácticas, filosofías, ni el misticismo, el gnosticismo ni el ascetismo, sino únicamente a Cristo, el Hijo de Su amor. Aquí encontramos amor, luz y vida. Esto es lo que significa vivir por Cristo.

Insistir en alguna ordenanza o práctica en particular es estar bajo la potestad de las tinieblas. Nuestro Padre nos libró de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de Su amor. Aquí somos restringidos por el amor divino en la vida divina. En lugar de tener ordenanzas, observancias, religión o algún tipo de “ismo”, tenemos únicamente a Cristo. Si vemos esto, nunca habrá disputas ni divisiones en la vida de iglesia.

Si existe algún elemento divisivo entre nosotros, esto muestra que todavía persiste en nosotros algún elemento de la potestad de las tinieblas. La división y confusión que existe entre los cristianos actualmente se debe a la influencia de la potestad de las tinieblas. Si hemos visto lo que significa vivir por Cristo, no tendremos observancias ni ordenanzas. Esto no quiere decir que no honremos la Palabra santa; al contrario, creemos y respetamos la Biblia, pero no la tomamos como un libro de observancias y ordenanzas. En lugar de ello, la tomamos como la revelación del Cristo viviente.

Ser trasladados al reino del Hijo del amor del Padre significa ser trasladados al Hijo, quien es vida para nosotros (1 Jn. 5:12). El Hijo en resurrección (1 P. 1:3; Ro. 6:4-5) es ahora el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45). Él nos gobierna con Su amor y en Su vida de resurrección. Éste es el reino del Hijo del amor del Padre. Vivimos en Su reino y disfrutamos del amor del Padre cuando vivimos por el Hijo como nuestra vida en resurrección.
CRISTO: AQUEL QUE TIENE LA PREEMINENCIA Y ES TODO-INCLUSIVO, LA CENTRALIDAD Y
UNIVERSALIDAD DE DIOS

Lectura bíblica: Col. 1:15, 18; 3:11

El Señor Jesús declaró, al enfrentar a los judíos religiosos, que ellos estaban ciegos (Mt. 15:14; 23:16, 17, 19, 24, 26). En Juan 12:46 el Señor Jesús dijo: “Yo he venido al mundo como la luz, para que todo aquel que cree en Mí no permanezca en tinieblas”. El Señor declaró que sin Él, los hombres se encontraban en tinieblas. Además, en Juan 8:12 Él dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, jamás andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Aquí las palabras del Señor indican que todo el que no le reciba como vida, no tendrá luz, sino que andará en tinieblas.

No pensemos que las tinieblas están solamente en el judaísmo, en el catolicismo o en las denominaciones y divisiones, pero no en nosotros. Es posible que incluso nosotros mismos todavía nos hallemos bajo la potestad de las tinieblas. Cada vez que nos hallamos en el hombre natural y no tomamos a Cristo como nuestra persona ni vivimos por Él, estamos en tinieblas. Debemos recordar que sólo Cristo es luz, y que Él debe saturar y prevalecer en cada aspecto de nuestra vida cotidiana. De lo contrario, aún habrá ciertas áreas de nuestro diario andar que no se encontrarán llenas de Cristo y, por tanto, estarán en tinieblas.

El error de los colosenses fue recibir y seguir algo que no era Cristo. Aceptar algo en lugar de Cristo no sólo indica que estamos en tinieblas, sino que también estamos bajo el control de la potestad de las tinieblas. Todo lo que reemplaza a Cristo, ya sea la filosofía, la religión, el buen carácter, las virtudes, los conceptos o las opiniones, se convierte en la potestad de las tinieblas y nos controla. En Colosas, la potestad de las tinieblas incluía las observancias judías, las ordenanzas paganas, la filosofía, el misticismo y el ascetismo. Aunque a primera vista estas cosas eran buenas, en realidad eran la potestad de las tinieblas, ya que sustituían a Cristo. Por causa de ellas, Cristo, la luz, fue puesto a un lado. Por consiguiente, las tinieblas prevalecieron nuevamente y controlaron a los santos de dicha iglesia. Ésta era la situación en Colosas, pero también puede ser la nuestra hoy.
CRISTO TIENE LA PREEMINENCIA Y ES TODO-INCLUSIVO

Ahora nos vamos a centrar en comprender que Cristo tiene la preeminencia y que Él es todo-inclusivo, la centralidad y la universalidad de Dios. El libro de Colosenses revela que Cristo tiene la preeminencia, que Él ocupa el primer lugar en todo. Tanto en la primera creación como en la nueva, Cristo ocupa el primer lugar. En 1:15 leemos que Cristo es el “Primogénito de toda creación”, y en 1:18, que Él es el “Primogénito de entre los muertos”. La nueva creación es producida por Dios en la resurrección. El hecho de que Cristo tenga la preeminencia en la nueva creación significa que Él es el primero en la resurrección. Él es el primero tanto en la creación como en la resurrección, lo cual significa que Él es el primero en la antigua creación, esto es, en el universo, y también lo es en la nueva creación, es decir, en la iglesia. El universo es el ambiente en el cual la iglesia, como Cuerpo de Cristo, existe con miras a expresar a Cristo en plenitud. Cristo no solamente es el primero en la iglesia, que es el Cuerpo, sino también el primero en el universo. Esto significa que Él es el primero en todo.

Colosenses 1:19 dice: “por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,”. ¿A qué se refiere la plenitud mencionada en este versículo? Muchos dirían que se trata de la plenitud de la Deidad. Aunque esto es válido, Pablo aquí no modificó la palabra plenitud con las frases “de la Deidad” o “de Dios”, sino que simplemente dijo que agradó al Padre que en El habitara toda  la plenitud, habitara en Cristo. Esto significa que existe algo en el universo llamado la plenitud, a la cual le agradó habitar en el Cristo preeminente y todo-inclusivo. Y por medios de esta acto en un futuro se pueda cumplir el verso 1:20; “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.”

CRISTO: LA PORCIÓN DE LOS SANTOS
Lectura bíblica: Col. 1:12-14; Gn. 12:2b, 3b, 7; Gá. 3:14

En este mensaje veremos al Cristo que es la porción asignada a los santos. En Colosenses 1:12 Pablo dice: “Dando gracias al Padre, que os hizo aptos para participar de la porción de los santos en la luz”. Como veremos más adelante, el Cristo todo-inclusivo es la porción asignada a los santos para el deleite de ellos. 

LA TIERRA PROMETIDA

Según el libro de Génesis, antes del llamamiento de Abraham no hubo ninguna promesa que implicara bendición o deleite. Por supuesto, en Génesis 3:15 tenemos la promesa de que la simiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. Sin embargo, esta promesa no implica bendición ni disfrute. En los capítulos del cuatro al once de Génesis no hay ningún relato de la promesa de bendición. Dicha promesa se menciona por primera vez en Génesis 12, cuando Dios llamó a Abraham a salir de su tierra y de su parentela. Aquí el Señor menciona específicamente la tierra (Gn. 12:1).


Quizás conozcamos la historia de Abraham y demos por sentado que entendemos todo lo relacionado al respecto. Así que, al leer acerca del llamamiento que Dios le hizo a Abraham y de las promesas que le dio, es posible que nada nos llame la atención. Por lo tanto, cuando leemos acerca de la tierra, no recibimos ninguna impresión de la importancia que ella tiene. Pero si leemos la Biblia detenidamente, ciertamente descubriremos que la promesa que Dios le hizo a Abraham en cuanto a la tierra es significativa y de suma importancia. Esta promesa hecha en Génesis es como una semilla que crece y se desarrolla a lo largo de todo el Antiguo Testamento. De hecho, podría decirse que, salvo los primeros once capítulos de Génesis, todo el Antiguo Testamento es un relato sobre la tierra de Canaán. El tema del Antiguo Testamento es la buena tierra, la cual fluye leche y miel. No obstante, muy pocos cristianos prestan la debida atención a este asunto.


La promesa que Dios le hizo a Abraham con respecto a la buena tierra es muy significativa. Cuando Pablo escribía la Epístola a los Colosenses y hablaba acerca de la porción de los santos, sin lugar a dudas tenía en mente la repartición de la buena tierra entre los hijos de Israel, según se narra en el Antiguo Testamento. La palabra griega traducida “porción” en 1:12 también podría traducirse “lote”. Pablo empleó este término usando como trasfondo el relato del Antiguo Testamento acerca de la tierra. Dios le dio a Su pueblo escogido, a los hijos de Israel, la buena tierra por heredad, para que ellos la disfrutaran. Dicha tierra representaba todo para ellos. De hecho, aun en la actualidad, la tierra sigue siendo un asunto crucial en el Medio Oriente. El problema que persiste hoy en día en el Medio Oriente, tocante a Israel y a las naciones vecinas, gira en torno a la tierra.


En Colosenses, ¿es Cristo la simiente o la tierra? En este libro Él es tanto la simiente como la tierra. Colosenses 2:7 dice que fuimos arraigados en Cristo, lo cual indica que Él es la tierra. Pero en 3:4 se nos dice que Él es nuestra vida, lo cual indica que Él es también la simiente. Sin embargo, en Colosenses se revela más a Cristo como la tierra que como la simiente. Tal como la tierra lo era todo para los hijos de Israel, Cristo es nuestra porción, nuestro lote, nuestro todo. La tierra proveía todo lo que los hijos de Israel necesitaban: leche, miel, agua, ganado, granos y minerales. Pablo, al escribir esta epístola, recurrió al concepto de la tierra de inescrutables riquezas, con el fin de exhortar a los colosenses, quienes estaban desviados, a rechazar todo lo que no fuera Cristo. Todo lo que no es Cristo está relacionado con la potestad de las tinieblas, y no debemos aceptarlo. En lugar de ello, debemos permanecer simplemente en la buena tierra sin permitir que ningún elemento extraño se introduzca. Únicamente Cristo debe ser nuestra porción, y sólo debemos aceptar lo que es de Él.


Tal como la buena tierra era la porción de los hijos de Israel, hoy Cristo es la porción de los santos. Hemos dicho que cuando Pablo escribió 1:12, él tenía en mente el tipo de la tierra de Canaán. En 1:13 él añade: “El cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino del Hijo de Su amor”. Este versículo nos recuerda la manera en que los hijos de Israel fueron liberados de Egipto y trasladados a la buena tierra. Por tanto, el concepto que Pablo tenía al escribir 1:13 refleja exactamente lo que se revela en el éxodo de Egipto y en la entrada a la buena tierra. En tiempos antiguos, Dios libró a Su pueblo de Egipto y lo condujo a la buena tierra. Dios el Padre hizo lo mismo con nosotros; Él nos libró de la potestad de las tinieblas, tipificada por el Faraón y Egipto, y nos trasladó al Cristo todo-inclusivo, tipificado por la buena tierra. Los hijos de Israel fueron trasladados de Egipto a una tierra que fluía leche y miel, donde no había tiranía alguna; del mismo modo, nosotros hemos sido trasladados a una esfera maravillosa, llamada el reino del Hijo del amor del Padre. Por consiguiente, ser hechos aptos para participar de la porción de los santos, en realidad equivale a entrar en la buena tierra. Por tanto, lo que Pablo escribió en 1:12-13, concuerda con el cuadro del Antiguo Testamento.


Si vemos esto, no permitiremos que la iglesia sea invadida por cosas que no son Cristo. Los colosenses fueron perturbados por las ordenanzas, las prácticas, la filosofía y el ascetismo, porque no vieron que Cristo, el Espíritu todo-inclusivo, era su porción, su buena tierra. En lugar de esta porción, ellos adoptaron muchas observancias, ordenanzas y filosofías. En principio, hoy sucede lo mismo en muchas congregaciones, han sido invadidas por la cultura. El propósito del Señor es que no nos contaminemos de todo esto y llevarnos a Cristo mismo. 


Hemos visto que la porción de los santos es Cristo, la buena tierra, es decir, el Cristo todo-inclusivo como Espíritu vivificante. En primer lugar, Cristo es la simiente que nos imparte vida. Luego, Él se convierte en el reino, el ámbito, la esfera en que vivimos y andamos. Por consiguiente, Cristo es nuestra simiente y nuestra tierra, nuestra vida y nuestra esfera. Tal es Cristo como la porción de los santos.

PARTICIPAR DE CRISTO EN LA LUZ
Lectura bíblica: Col. 1:12-13; Gn. 1:3; Sal. 36:9; 119:105; 
Is. 2:5; Mt. 4:16; Jn. 1:4; Hch. 26:18; 1 Jn. 1:5; Ap. 21:23

En Colosenses 1:12 Pablo dice que el Padre nos hizo aptos “para participar de la porción de los santos en la luz”. Tal vez muchos lean este versículo sin prestar atención a la frase “en la luz”. Debemos disfrutar a Cristo como nuestra porción, en la luz. En este mensaje veremos lo que significa participar de Cristo, quien es la porción de los santos, en la luz.

En el Antiguo Testamento abundan las referencias sobre el tema de la luz. Por ejemplo, Salmos 36:9 dice: “En Tu luz veremos la luz”. En Salmos 119:105 el salmista declara: “Lámpara es a mis pies Tu palabra, y lumbrera a mi camino”. Más adelante, Isaías 2:5 dice: “Venid, oh casa de Jacob, y caminaremos a la luz de Jehová”.

Mateo 4:16 dice que mientras Jesús caminaba por Galilea, el “pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; y a los asentados en región y sombra de muerte, luz les amaneció”. En Juan 8:12 el Señor Jesús dijo que Él era la luz del mundo y que todo el que le siguiera jamás andaría en tinieblas, sino que tendría la luz de la vida. Sin embargo, si no le seguimos tomándole como luz, estaremos en tinieblas. Asimismo, en el momento de la conversión de Pablo, el Señor Jesús le encargó que abriera los ojos a las personas, a fin de que éstas se convirtieran de las tinieblas a la luz (Hch. 26:18). Esto indica que los incrédulos, ya sean judíos o gentiles, están en tinieblas. Todo aquel que no cree en el Señor Jesús está en tinieblas y necesita volverse de las tinieblas a la luz. Además, 1 Juan 1:5 dice que Dios es luz y que en Él no hay tinieblas. Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos. Puesto que Dios es luz, ciertamente andaremos en la luz mientras tengamos comunión con Él.

LA LUZ

La Biblia revela que la luz está relacionada con Dios, la Palabra de Dios, Cristo, la vida de Cristo, los creyentes y la iglesia.

Dios: Hemos mencionado que 1 Juan 1:5 dice que Dios es luz. Solamente Él es la fuente de luz. La Palabra de Dios, Cristo, la vida de Cristo, los creyentes y la iglesia, son luz, porque tienen a Dios como su fuente.

La Palabra de Dios :Salmos 119:105 dice que la Palabra de Dios es lámpara a nuestros pies y lumbrera a nuestro camino, y 119:130 declara que la exposición de las palabras de Dios alumbra. La Palabra de Dios es luz porque contiene al propio Dios. Si la Biblia no contuviera a Dios, las palabras de la Biblia no podrían iluminarnos. El origen de la Biblia es Dios, y Dios es luz. Por lo tanto, las palabras de la Biblia son el resplandor de la luz.

Cristo: En Juan 9:5, el Señor Jesús declaró: “Mientras estoy en el mundo, luz soy del mundo”. Dios y Cristo son uno; puesto que Dios es luz, Cristo también es luz. Cristo es la luz del mundo de una manera muy específica. El mundo mencionado en Juan 9:5 denota la sociedad, la humanidad. Así, Cristo es luz no sólo en un sentido general sino también específico, como la luz de la sociedad, de la humanidad.

La vida de Cristo: La vida de Cristo es también luz. Juan 1:4 dice: “En El estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”. Cuando recibimos a Cristo como vida, ésta llega a ser luz en nosotros, la cual resplandece sobre nosotros y nos alumbra interiormente.

Los creyentes: Los creyentes también son luz. Al respecto el Señor Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5:14). En Filipenses 2:15 Pablo dice que los creyentes resplandecen “como luminares en el mundo”. Los luminares no poseen luz propia, sino que reflejan la luz que proviene de otra fuente. Los creyentes somos luminares. En nosotros mismos no tenemos luz; más bien, la luz proviene del aceite, del Espíritu, el cual arde en nosotros. La fuente de nuestra luz no es nosotros mismos, sino Cristo como Espíritu.

La iglesia: En Apocalipsis 1:20 vemos que la iglesia es un candelero, un pedestal que sostiene una lámpara ardiente. La lámpara es Cristo con Dios en Él como luz (Ap. 21:23). En el universo sólo existe una luz, que es Dios mismo. El Dios Triuno es la luz única.

PARTICIPAR DE CRISTO EN LA LUZ

Colosenses 1:12 indica que nosotros participamos del Cristo que es la porción de los santos en la luz. Puesto que solamente Dios es luz, debemos volvernos a Él y permanecer en Su presencia para participar de Cristo. Hemos sido llamados a la luz admirable de Dios (1 P. 2:9). Antes de ser salvos estábamos en completa oscuridad. Todo lo que éramos y todo lo relacionado con nuestra condición humana se hallaba en tinieblas. Cuando el evangelio vino a nosotros, vino con luz, lo cual hizo que nos arrepintiéramos delante de Dios. A medida que nos arrepentíamos, espontáneamente comenzamos a abrir nuestro ser a Él. En el momento en que nos arrepentimos y fuimos salvos, experimentamos que algo resplandeció dentro de nosotros. Creímos en el Señor Jesús y le dimos gracias por morir a nuestro favor, y lo recibimos como nuestro Señor y Salvador. Fue así que dicho resplandor se intensificó. Por tanto, en el momento de nuestra conversión, la luz penetró en nosotros.

Sin embargo, después de haber sido salvos, fuimos distraídos y dejamos de prestar atención a este resplandor interior. Algunos obreros cristianos diligentes nos animaron a que prestáramos atención a las doctrinas y a las enseñanzas bíblicas, cosa que es muy buena, pero dejamos de estar en la presencia del Señor, nos volvimos a las cosas buenas que no son Cristo mismo. Cambiamos la presencia de Cristo por las doctrinas, por algún tipo de observancia o práctica, y, por tanto, perdimos el resplandor interior. El resultado de esto es que volvimos a caer en tinieblas, la única luz es Cristo. Antes de ser salvos, estábamos en las terribles tinieblas del mundo; pero después de ser salvos, caímos en las tinieblas de las enseñanzas, observancias, obras, formalismos y los rituales religiosos. Tal vez algunas de estas cosas sean buenas, pero no son Cristo mismo.

Todos los cristianos debemos leer la Biblia. Sin embargo, es posible estar en tinieblas incluso mientras leemos la Palabra santa. Podemos leer las Escrituras sin estar en la presencia del Señor. Si hacemos esto, cuanto más estudiemos la Biblia, más estaremos en tinieblas, alejados de la presencia del Señor. La manera apropiada de leer las Escrituras no es sólo con la mente; debemos también leerla con un espíritu que busca al Señor, contemplando el rostro del Señor mientras leemos. Al orar y leer la Palabra, somos conducidos a la presencia del Señor de esta manera. Cuando leemos la Biblia ejercitando nuestro espíritu en oración y abriendo nuestro ser al Señor, somos conducidos a Su presencia. Espontáneamente nos encontramos en la luz, y Cristo llega a ser nuestra porción.

La luz es la presencia de Dios. Si queremos estar en la luz, debemos volvernos a Él desde nuestro interior. Entonces Su presencia se convertirá en luz resplandeciente. De esta manera, Cristo llega a ser la porción de los santos de una manera práctica.

Ahora podemos entender por qué, después de que Pablo habla de la luz en Colosenses 1:12, él menciona en el versículo siguiente la potestad de las tinieblas. Era como si Pablo les estuviera diciendo a los colosenses: “Vosotros fuisteis librados de la potestad de las tinieblas. Pero ahora, habéis vuelto a ellas. Habéis perdido la luz a la cual habías sido trasladados”. Hemos dicho que en Colosenses la potestad de las tinieblas incluye observancias, ordenanzas, filosofías y diferentes “ismos”. Debido a la influencia de estas cosas, los colosenses fueron llevados cautivos, de la misma manera en que los hijos de Israel fueron deportados de la buena tierra a Babilonia. En cierto sentido, muchos cristianos hoy se han apartado del reino del Hijo del amor de Dios y de la esfera de la luz. Como resultado, han perdido su disfrute de Cristo como la porción de los santos.

CRISTO, EL PRIMOGÉNITO DE TODA CREACIÓN
Lectura bíblica: Col. 1:15-17; Ap. 3:14

Estudiaremos lo que significa que Cristo sea el Primogénito de toda creación (1:15-17). El propósito principal del libro de Colosenses es mostrar que Cristo es todas las cosas, que Él lo es todo. Todo lo que existe en el universo está incluido bajo uno de dos encabezamientos básicos: el Creador y la creación. Para mostrarnos que Cristo lo es todo, la Biblia dice que Cristo es tanto el Creador como el Primogénito de toda creación. Si Él fuera solamente el Creador y no el Primogénito de toda creación, entonces no lo sería todo.

CRISTO ES LA CABEZA DE TODO PRINCIPADO Y POTESTAD

En Colosenses 2:9-10 Pablo dice: “Porque en El habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis llenos en El, que es la Cabeza de todo principado y potestad”. Las palabras “principado” y “potestad” se refieren a los ángeles. Cristo es la Cabeza de todos los ángeles, no sólo de los ángeles que están subordinados, sino también de aquellos ángeles que tienen principado, poder y autoridad.

Debemos entender la razón por la que Pablo añade una cláusula en 2:10, que dice: “Que es la Cabeza de todo principado y potestad”. Es bastante fácil entender que toda la plenitud de la Deidad habita corporalmente en Cristo, es decir, en forma corporal (2:9). Cuando Cristo estuvo en la tierra, Él tuvo un cuerpo físico, y en ese cuerpo habitaba toda la plenitud de la Deidad. Debido a que la plenitud habita en Él y nosotros estamos en Él, resulta lógico decir que nosotros estamos completos (llenos) en Él (2:10). No obstante, Pablo de repente comienza a decir que Cristo es la Cabeza de todo principado y potestad. Aquel en quien habita toda la plenitud de la Deidad y Aquel en quien estamos llenos, es la Cabeza de todo principado y potestad. Es crucial que veamos cuán significativo es esto.

Para entender el hecho de que se añadiera esta cláusula, debemos examinarla dentro del contexto de todo el libro. Colosenses revela que Cristo lo es todo. Pablo recalcó esto a los colosenses porque ellos habían aceptado la herejía de adorar a los ángeles. Tal parece que los santos de Colosas no creían que Cristo pudiera ser el intermediario entre ellos y Dios. Según el concepto de ellos, Cristo era demasiado exaltado como para ayudarlos de esta manera. Por tanto, les parecía a ellos que necesitaban a los ángeles como intermediarios. Ésta fue la razón por la que Pablo les mostró que Cristo era la Cabeza de todos los ángeles. Mientras tengamos a Cristo, quien lo es todo, no necesitamos acudir a los ángeles. Si necesitamos algún intermediario, Cristo es nuestro intermediario.

Colosenses revela que Cristo lo es todo; Él es tanto el Creador como el Primogénito de toda creación. Si Cristo solamente fuera el Creador y no fuera parte de la creación, entonces no lo sería todo. Así, la plenitud, la expresión del Dios Triuno, no sería completa. En Colosenses el concepto de Pablo era muy profundo. La plenitud, la expresión plena del Dios Triuno, habita en Cristo. Como Aquel que lo es todo, Cristo es tanto el Creador como el Primogénito de toda la creación. Éste es un principio fundamental.

LA IMAGEN DEL DIOS INVISIBLE

Colosenses 1:15 dice que Cristo es la “imagen del Dios invisible”. Luego, en el mismo versículo, Pablo dice que Cristo es el “Primogénito de toda creación”. ¿Por qué Pablo conjuga estos dos asuntos, la imagen del Dios invisible y el Primogénito de toda creación? Dios es invisible, pero el Hijo de Su amor, quien es “el resplandor de Su gloria, y la impronta de Su sustancia” (He. 1:3), es Su imagen y, como tal, expresa lo que Dios es. La palabra “imagen” aquí no se refiere a una forma física, sino a una expresión del ser de Dios en todos Sus atributos y virtudes. Esta interpretación puede confirmarse en Colosenses 3:10 y 2 Corintios 3:18.

Decir que Cristo, Aquel que es todo-inclusivo, es la imagen de Dios, equivale a afirmar que Él es el propio Dios, el Creador. Cuando vemos a Cristo, vemos la expresión del Dios invisible, puesto que Él mismo es Dios. Si yo hubiera escrito la Epístola a los Colosenses, simplemente habría dicho que Cristo es Dios el Creador. Sin embargo, Pablo no escribió de una manera tan sencilla. Él dijo que Cristo era la imagen del Dios invisible, es decir, el propio Dios expresado.

EL PRIMERO ENTRE TODAS LAS CRIATURAS

En 1:15 Pablo agrega que Cristo es el Primogénito de toda creación, lo cual significa que en la creación Él es el primero. Cristo, por ser Dios, es el Creador; pero por ser un hombre de sangre y carne creadas (He. 2:14), Él forma parte de la creación. La expresión “el Primogénito de toda creación”, se refiere a la preeminencia de Cristo en toda la creación, debido a que desde este versículo hasta el versículo 18, el apóstol subraya el primer lugar que Cristo ocupa entre todas las cosas. Este versículo no sólo revela que Cristo es el Creador, sino también el primero entre todas las cosas creadas, el primero entre todas las criaturas.

Algunos insisten en que Cristo es solamente el Creador, no una criatura. Pero la Biblia revela que Cristo es a la vez el Creador y la criatura, ya que Él es tanto Dios como hombre. Por ser Dios, Cristo es el Creador, pero por ser hombre, Él es una criatura. ¿Cómo podría tener carne, sangre y huesos si no fuera una criatura? ¿Acaso Cristo no se hizo hombre? ¿No tomó Él un cuerpo de carne, sangre y huesos? Por supuesto que sí. Aquellos que se oponen a esta enseñanza carecen del conocimiento adecuado. En realidad, son heréticos, por no creer que Cristo verdaderamente se hizo hombre. En lugar de ello, sólo creen que Él es Dios, y tal creencia es herética. Nuestro Cristo es Dios, siempre lo ha sido y siempre lo será. Pero mediante la encarnación Él se hizo hombre. De otra forma, no podría haber sido arrestado, juzgado y crucificado; y tampoco podría haber derramado Su sangre en la cruz por nuestros pecados. ¡Alabado sea el Señor por la verdad de que nuestro Cristo es tanto Dios como hombre!

Como Dios, Cristo es eterno y no necesitaba nacer. Pero en 1:15 Él es llamado el Primogénito de toda creación. Todo aquello que requiere un nacimiento debe de ser una criatura, una parte de la creación. Si Cristo sólo fuera Dios, y no hombre, no podría haber nacido, porque Dios es infinito y eterno, sin principio ni fin. Pero como hombre, Cristo necesitaba nacer. ¡Aleluya, Cristo nació como hombre! Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado ... y se llamará Su nombre ... Dios fuerte, Padre eterno...” Como el niño que nos es nacido, Cristo es llamado Dios fuerte; y como el Hijo que nos es dado, Él es llamado Padre eterno. Como Dios fuerte y Padre eterno, Cristo es eterno; pero como el niño y el hijo, Él necesitaba nacer. Algunos argumentan que Cristo nació pero que no fue creado. Conforme a la Biblia, el nacimiento es la forma en que la creación se lleva a cabo. Por consiguiente, nacer equivale a ser creado.

PARA DIOS NO EXISTE EL ELEMENTO DEL TIEMPO

Quizás algunos se pregunten cómo puede ser que Cristo sea llamado el Primogénito de toda creación cuando Él nació hace menos de dos mil años, y no al principio de la creación. Si queremos entender esto correctamente, debemos darnos cuenta de que para Dios no existe el elemento del tiempo. Por ejemplo, conforme a nuestra manera de calcular el tiempo, decimos que Cristo fue crucificado hace unos dos mil años. Pero Apocalipsis 13:8 dice que Cristo fue inmolado desde la fundación del mundo. Ambas afirmaciones son válidas. No obstante, el cálculo de Dios es mucho más importante que el nuestro. A los ojos de Dios, Cristo fue crucificado desde la fundación del mundo. En la eternidad, Dios previó la caída del hombre. Por lo tanto, también en la eternidad, Él hizo una preparación para efectuar la redención.

La diferencia entre la valoración de Dios y la nuestra con respecto al tiempo también nos ayuda a comprender por qué a Cristo se le llama el segundo hombre (1 Co. 15:47). Desde nuestra perspectiva, el segundo hombre fue Caín, el hijo del primer Adán; pero desde la perspectiva de Dios, el segundo hombre es Cristo.

Podemos aplicar este asunto de las distintas maneras de calcular el tiempo al hecho de que Cristo es el Primogénito de toda creación. Conforme a nuestra percepción del tiempo, Cristo nació en Belén hace aproximadamente dos mil años. Pero a los ojos de Dios, el Señor Jesús nació antes de la fundación del mundo. Si Él fue inmolado desde la fundación del mundo, ciertamente tuvo que haber nacido antes. Por consiguiente, conforme a la perspectiva eterna de Dios, Cristo nació en la eternidad pasada. Ésta es la razón por la cual, para Dios, Cristo siempre ha sido el primero de todas las criaturas. Dios previó el día en que Cristo nacería en un pesebre de Belén. Puesto que Cristo es el primero entre las criaturas, podemos decir que, por ser Aquel que es todo-inclusivo, Él es tanto el Creador como una parte de la creación.

EN ÉL, POR MEDIO DE ÉL Y PARA ÉL

Colosenses 1:16 dice: “Porque en El fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean señoríos, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de El y para El”. La frase “en El” quiere decir en el poder de la persona de Cristo. Todas las cosas fueron creadas en el poder de lo que Cristo es. Toda la creación exhibe las características del poder intrínseco de Cristo. La expresión “por medio de El” indica que Cristo es el instrumento activo mediante el cual se efectuó el proceso de la creación de todas las cosas. Por último, la frase “para El” indica que Cristo es el fin de toda la creación. Todas las cosas fueron creadas para Su posesión.

Además, el versículo 17 dice que “todas las cosas en El se conservan unidas”. El hecho de que todas las cosas se conserven unidas en Cristo implica que éstas existen juntas debido a que Cristo es el centro que las sostiene, del mismo modo en que los radios de una rueda se mantienen unidos por medio del eje.



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