UN ESTUDIO DE COLOSENSES (PARTE 2)

CRISTO, EL PRIMOGÉNITO DE ENTRE LOS MUERTOS
Lectura bíblica: Col. 1:18-23
Hemos visto que el libro de Colosenses revela que Cristo lo es todo. En el universo tenemos a Dios el Creador y también la creación. Conforme a 1:15, Cristo es la imagen del Dios invisible, lo cual significa que Él no es nada menos que el propio Dios en Su plena expresión. Además, Cristo es el Primogénito de la creación, el primero entre todas las criaturas de Dios.

Dios ha realizado dos creaciones, la vieja creación y la nueva creación. La vieja creación comprende los cielos, la tierra, la humanidad y millones de cosas distintas. La nueva creación es la iglesia, el Cuerpo de Cristo. Los versículos del 15 al 17 revelan que Cristo es el primero en la creación original, como Aquel que tiene la preeminencia entre todas las criaturas. El versículo 18 muestra que Cristo es el primero en la resurrección, y que, como tal, es la Cabeza del Cuerpo. Él tiene el primer lugar en la iglesia.

La primera creación llegó a existir mediante el hablar de Dios. Romanos 4:17 dice que Dios llama las cosas que no son, como si existiesen. Sin embargo, la nueva creación se produjo mediante la resurrección, es decir, mediante la muerte y la resurrección de la vieja creación. En la nueva creación, en la iglesia, Cristo es el Primogénito de entre los muertos.

LOS DOS NACIMIENTOS DE CRISTO
Como Hijo de Dios, Cristo experimentó dos nacimientos. El primer nacimiento tuvo lugar en la encarnación, y el segundo, en Su resurrección. Todos los cristianos saben que Cristo nació mediante la encarnación, pero no muchos consideran que Su resurrección fue también un nacimiento. Hechos 13:33 indica que Cristo fue engendrado, o que nació, en la resurrección. Fue por medio de la resurrección que Cristo fue engendrado como Hijo de Dios. No obstante, antes de la encarnación, en la eternidad, Él ya era el Hijo de Dios. ¿Por qué, entonces, necesitaba nacer como Hijo de Dios en la resurrección? Antes de la encarnación, Cristo no era hombre. Él simplemente era el Dios infinito y eterno. Pero en la plenitud del tiempo, Cristo fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de María, y, nueve meses después, nació en un pesebre de Belén. Según Juan 1:14, el Verbo, quien es Cristo, se hizo carne. Esto quiere decir que Él dio el paso de hacerse hombre. ¡Qué maravilloso es que, por medio de la encarnación, el Dios infinito y eterno se hubiera hecho hombre! Sin embargo, al hacerse hombre, Él no dejó de ser Dios.

Después de vivir en la tierra por treinta y tres años y medio, Cristo fue crucificado. Luego, en la resurrección, Él dio un segundo paso al nacer por segunda vez y convertirse en el Hijo primogénito de Dios. Antes de Su resurrección, Cristo era el Hijo unigénito de Dios (Jn. 3:16). Pero mediante la resurrección, el Hijo unigénito llegó a ser el Primogénito entre muchos hermanos (Ro. 8:29). De acuerdo con Hebreos 2:10, Dios está llevando muchos hijos a la gloria. Estos muchos hijos son los muchos hermanos de Cristo, el Hijo primogénito.

Mediante los dos nacimientos de Cristo, lo divino se introdujo en lo humano, y lo humano en lo divino. Por medio de la encarnación de Cristo, Dios se introdujo en el hombre. Antes de la encarnación, Dios se hallaba fuera del hombre. Sin embargo, por medio de la encarnación de Cristo, Dios se introdujo en la humanidad. Podemos decir que en el nacimiento de Cristo, Dios nació en el hombre. Por consiguiente, mediante el primer nacimiento de Cristo, en la encarnación, Dios se introdujo en el hombre y se hizo uno con el hombre. Luego, mediante la resurrección de Cristo, el hombre fue introducido en Dios. Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, Dios vivía en un hombre, debido a que Dios estaba en Él. Ahora, mediante la resurrección de Cristo, el hombre ha sido introducido en Dios. ¡Aleluya porque Cristo está en los cielos como hombre! Dios ha sido introducido en el hombre, y el hombre ha sido introducido en Dios. ¡Qué transacción más excelente! ¡Cuán maravilloso es este tráfico de doble sentido! En este tráfico, Dios se introdujo en el hombre mediante la encarnación, y el hombre fue introducido en Dios mediante la resurrección.

¿Ha oído usted alguna vez que Cristo, el Hijo de Dios, tuvo dos nacimientos? Quizás haya escuchado que usted necesitaba un segundo nacimiento, el nacimiento que se efectúa en nuestro espíritu por medio del Espíritu Santo; pero tal vez nunca haya oído que Cristo nació dos veces, primero en la encarnación y después en la resurrección. En la eternidad pasada Cristo era Dios. Por medio de la encarnación, Él se hizo hombre, y mediante la resurrección, Él llegó a ser el Hijo primogénito de Dios.

NUESTRA EXPERIENCIA DE LOS DOS NACIMIENTOS DE CRISTO

Por medio de Cristo, Dios se introdujo en nosotros y nosotros fuimos introducidos en Él. ¡Cuánto le alabamos por esta mezcla! En el momento en que nacimos de nuevo, simultáneamente Cristo nació en nosotros, y nosotros fuimos introducidos en Dios. Por consiguiente, en nuestra vida cristiana experimentamos, en lo más recóndito de nuestro ser y de una manera personal, los dos nacimientos de Cristo. Con relación a Cristo, Su nacimiento en la resurrección aconteció treinta y tres años y medio después de Su nacimiento en la encarnación. Pero en nuestra experiencia de Cristo, Dios se introdujo en nosotros y nosotros fuimos introducidos en Él simultáneamente. ¡Alabado sea el Señor por el tráfico maravilloso entre Dios y nosotros!

Colosenses 1:19 dice que agradó a toda la plenitud habitar en Cristo, y 2:9 declara que en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. En 2:10 Pablo agrega que en Cristo estamos llenos. Puesto que toda la plenitud habita en Cristo y nosotros hemos sido introducidos en Él, nosotros estamos llenos, llenos de las riquezas divinas. ¡Aleluya, en Cristo estamos llenos! Ciertamente los que creemos en Cristo somos personas muy complejas, debido a que estamos en Él, quien es sumamente complejo. Si no lo fuese, no habría disputas con relación a Su persona.

EL CRISTO TODO-INCLUSIVO
La cristología es el estudio teológico acerca de la persona de Cristo. Algunos enseñan la verdad de que Cristo es al mismo tiempo Dios y hombre. Otros, en cambio, enseñan que Cristo es Dios, pero no hombre, o que Él es hombre, pero no Dios. No es necesario argumentar acerca de la persona de Cristo. Él es todo-inclusivo. Él es Dios, hombre y la realidad de todas las cosas positivas del universo. Si vemos que Cristo lo es todo, no contenderemos acerca de Él. Muchos versículos indican claramente que Cristo es Dios. Por ejemplo, Romanos 9:5 dice: “Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos”. En un tiempo determinado, Cristo se hizo hombre. Luego, mediante la muerte y la resurrección, Él llegó a ser el Hijo primogénito de Dios.

Durante Su vida en la tierra, el Señor Jesús estuvo con Sus discípulos, pero no en ellos. Por tanto, era necesario que Él pasara por la muerte y la resurrección a fin de entrar en Sus discípulos como Espíritu vivificante (1 Co. 15:45), como Espíritu de realidad (Jn. 14:17). En Juan, en los capítulos del catorce al dieciséis, vemos que a los discípulos les turbaba el hecho de que el Señor los iba a dejar. Él parecía decirles: “Si no me voy, no hay forma de que entre en vosotros. Debo pasar por la muerte y la resurrección para convertirme en el Espíritu vivificante. Entonces estaré en vosotros para siempre”. En el día de la resurrección, el Señor se apareció a los discípulos, sopló en ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22). Éste es el Espíritu prometido en 14:16-17, 26; 15:26 y 16:7, 13. Cuando el Señor sopló e infundió el Espíritu Santo en los discípulos, cumplió Su promesa de que enviaría el Espíritu Santo como Consolador. Al soplar en los discípulos e infundirles el Espíritu, el aliento santo, el Espíritu vivificante, el Señor se impartió en ellos como vida y como todas las cosas positivas.

Cristo, como Hijo de Dios, dio dos pasos extraordinarios. En primer lugar, Él dio el paso de la encarnación para hacerse hombre, con el fin de efectuar la redención y poner fin a la vieja creación. En segundo lugar, en la resurrección Él se hizo Espíritu vivificante, a fin de regenerarnos para producir la iglesia, que es la nueva creación de Dios.

CRISTO ES PREEMINENTE
Tanto en la vieja creación como en la nueva creación, Cristo es el primero y ocupa el primer lugar, el lugar de preeminencia. Cristo es preeminente tanto en el universo como en la iglesia. Si esto es para nosotros una visión y no una simple doctrina, ocurrirá un cambio radical en nuestra manera de vivir y en nuestra vida de iglesia. Comprenderemos que Cristo debe ser el primero en todas las cosas.

En 1:18 Pablo dice: “Para que en todo El tenga la preeminencia”. En la Biblia, el hecho de ser el primero equivale a serlo todo. Puesto que Cristo es el primero en el universo y en la iglesia, Él debe ser todas las cosas en el universo y en la iglesia. Como el primero, Él lo es todo.

La manera en que Dios concibe este asunto es muy distinta de la nuestra. Según nuestra forma de ver las cosas, si Cristo es el primero, entonces debe haber algo que sea segundo, tercero, y así sucesivamente. Sin embargo, desde la perspectiva de Dios, el hecho de que Cristo sea el primero significa que Él lo es todo.

El primer Adán no sólo incluía a Adán como individuo, sino a la humanidad entera. Bajo el mismo principio, a los ojos de Dios, el primogénito de los egipcios incluía a todos los egipcios. El primogénito incluye a todos. Por consiguiente, el hecho de que Cristo sea el Primogénito en el universo significa que Él lo es todo en el universo. De la misma manera, el hecho de que Cristo es el Primogénito en la resurrección, significa decir que Él lo es todo en la resurrección. El hecho de que Él sea el Primogénito tanto de la vieja creación como de la nueva creación, implica que Él lo es todo en la vieja creación y en la nueva creación. Esto concuerda con las palabras de Pablo en 3:11, donde dice que en el nuevo hombre, en la nueva creación, “no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, esclavo ni libre; sino que Cristo es el todo, y en todos”. En el nuevo hombre Cristo es todos y está en todos. En la nueva creación sólo hay lugar para Cristo.



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